nº 186: noviembre-diciembre 2018

Non obiit, abiit

Julio Marinas

julio marinas

Julio Marinas. Nació en Zamora en 1964, donde reside actualmente. Es maestro e imparte clases de inglés.

Fue miembro fundador del grupo poético Lucerna, ya desaparecido, que publicó una colección de cuadernillos poéticos denominada Cuadernos Poéticos La Borrachería, durante los años 1997-2002, además de organizar diferentes actos y recitales poéticos con prestigiosos poetas nacionales.

Es autor de los poemarios: Trébol -Semuret, Zamora, 1994- en colaboración con Juan Luis Calbarro, Criaturas de Sexo -Cuadernos Cálamo, Gijón, 1997-que fue galardonado con el undécimo Premio Cálamo de Poesía Erótica y Poesía incompleta (1994-2013) -los Papeles de Brighton, Brighton, 2013-, que reúne los dos poemarios anteriormente mencionados y otros dos más, inéditos hasta ese momento, titulados Meditaciones tras el combate y Búsqueda de natura.

Ha aparecido en una antología de poetas europeos titulada Poeti Europei. Antologia (Roma: Centro Italiano Arte e Cultura, 1998); en una selección de poetas españoles titulada La Alquitara Poética (Béjar: El Sornabique y lf ediciones, 1998); en el libro Versos de tiza (Tomelloso -Ciudad Real-: Ediciones Soubriet, S. L., 1999) que recoge los poemas que obtuvieron premio en el certamen nacional de poesía Gerardo Diego para profesores de enseñanza secundaria, durante los años 1994-1998 y en una selección de textos y obra gráfica titulada 50 maneras de ser tu amante (Gijón: Editorial Puntos Suspensivos, 2010).

I

Mar, quiero hablar contigo antes de despedirme.
Necesito escuchar tu intemporal palabra,
tu oleaje espumando la edad de tus versículos.
Regresaré mañana al espacio sidéreo,
al yermo soliloquio, mientras mi nave avanza
a través del silencio y abomino volver
a ser una ilusión del cosmos. Recupérame
el estímulo, cuéntame, mar, cómo transcurrió
la realidad, que existo en todos los que fueron,
que nunca dejaré de habitar geometrías
moleculares. Sé que nos transmutaremos
y quizá no perdure nuestra euritmia. Relátame
cómo vi deambular a los rinocerontes
lanudos, cómo el trazo luciente de mi mano
pintó la oscuridad del mundo, cómo el agua
nómada del origen explosionó en mi cuerpo.
Implántame tu crónica para que la toxina
solipsista no acabe engulléndome y pueda
realimentar mi mente deslizando tu brisa,
granizando tu arena, surcando tu memoria
por la piel de mis células. Si este llegara a ser
nuestro postrer encuentro, deja que tus estelas
expandan mi conciencia en la profundidad.
Alguien evocará y sabrá que está en mí.
Me alejaré mañana, mar, de tu escudo azur,
arrancado, indefenso, ¿lograré ser sin ti?

II

Contemplo el azul madre y me sosiega tu iris
de paz. Pronto serás un intangible pálpito,
un estertóreo brillo en mi cerebro. Temo
la distancia del tiempo, la incógnita frontera
que me irá traspasando. Mi vida dejará
de cumplirse contigo cuando haya abandonado
la elipse de tu abrazo, cuando esté separado
de tu vórtice errante. Una última mirada
a la tranquilidad que exhalan los océanos
flotando en la expansión oscura por la que ambos
vagaremos en busca de finitud y génesis.

III

Penetro en el inmenso fuliginoso. Inspiro,
ya no huele a tu cuerpo. Me aferro a repetir
tus nombres cristalinos para arrojar la anosmia.
No sabrán mis neuronas transportarme hacia bálsamos
de arena húmeda y sal. No podré recordarte
en este universo acre. El metálico olor
del vacío me arrastra, me desprende tus aguas
y propaga la lenta combustión del coral
que renueva mi carne. Si este periplo alcanza,
al fin, otras esferas donde te redescubra,
descifraré la lógica turbia de mis sentidos
para pertenecer al ciclo de tus átomos
y entregarme a la vida. Ahora dormiré
la prolongada noche del tiempo y del espacio.

El universo es una multitud de soledades

NON OBIIT, ABIIT

Fase aceleración metabólica en curso.
Restitución somática completada. Concluida
tercera hibernación. Procesando chequeo.

Golpean los latidos el pecho, me convocan
al pulso de la vida. Una vez más recluso-revisar
de una consciencia estéril que prolonga su sueño
de existencia. Curvar la línea de la última
noche, acceder a un tiempo no dado, transmutar
para que nuestra muerte no sea el fin de todo.

Solución del chequeo: anomalías no
detectadas. Función estable en mecanismos
compensatorios.

Ahora sé que el tiempo ha pasado, que lobos
callaron sus aullidos en la edad de los bosques;
que gansos decidieron quedarse en su laguna
última contemplando el frenesí de un nuevo
éxodo.

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ISSN: 1578-8644

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