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LUKE nº 169 Febrero 2016

Antonio Maura

Voces brasileñas: Marly de Oliveira: la voz que vibra en los cañaverales.

Marly de Oliveira

El primero de junio de 2007 moría en Río de Janeiro la poeta Marly de Oliveira. Había sido la mujer de João Cabral, uno de los poetas brasileños más significativos del siglo XX, ligado vital y creativamente a la geografía ibérica: Barcelona y Sevilla fueron dos ciudades que le marcaron de manera muy especial. Sin embargo, Marly, su mujer, la poeta Marly de Oliveira, pareció oscurecerse, su voz enmudecía frente a la poderosa sonoridad de la poesía cabralina.

Quiero recordar a esta poeta, profesora y ensayista, que se declaraba hija de Cecilia Meireles, de Carlos Drummond de Andrade, de Manuel Bandeira y decía ser hermana de Clarice Lispector y de Nélida Piñon. Las grandes figuras de la literatura brasileña del siglo XX eran, pues, afectiva e intelectualmente su familia. Afirmaba que “vivir no es una situación adjetiva, ni metafórica. Es un hecho real, que comienza en una fecha y termina en otra, donde hay un cierto pudor de enunciar la primera que, por otra parte, es de la competencia del registro civil. Porque, en verdad, nacemos después y continuamos naciendo interminablemente.”

Marly escribió dieciocho poemarios. De uno de ellos, Explicação de Narciso, destacó Giuseppe Ungaretti, ‘sua segreta musicalità’, y afirmó: “E’un miracolo: l’ingenuità e la proffondità li si mescolano con una novità persino superiore a aquella che stupisce quando si sprime nella sua lingua materna.”

Su voz, a veces, semeja brisa o aleteo de pájaro y, a veces, se tiñe de azul. Me ha parecido escucharla en las playas brasileñas, entre los cañaverales, como un rumor: es el aliento de Marly, me decía, sus palabras que hablan del encuentro de los amantes, del riesgo de la escritura, de la soledad… Llegó a decir: “Soy pretenciosa: pienso que un día no voy a tener miedo de morir.” Y es que la poeta fue siempre valiente con su vida y, no menos, con su muerte.

He seleccionado y traducido tres poemas como una primera aproximación a la obra de Marly de Oliveira. Las composiciones elegidas pertenecen a sus libros Cerco de primavera (1957), Sangre en la vena (1967) y Retrato (1986).

POEMAS

Plaza

Silencio, azul. Nosotros,
en lo íntimo de la plaza
como pájaros pensados
que una palabra desguaza.

En la intimidad del azul
levitar de ala suspensa,
tomando la claridad
de una primavera tensa.

Como pájaros pensados
que una palabra desguaza:
sobre el azul de la tarde,
en lo íntimo de la plaza.

Sangre en la vena

Escribo; luego, siento, luego, vivo,
y le robo al vivir la indisciplina
que lo esparciría, dispersaría,
y le doy una forma comedida,
la que tiene el tamaño de un amor
que guardo, que no gasto, no disperso,
amor que se concentra en la dura perla,
no pétalo, no lo que es un exceso,
pues que puede volar; lo que me queda
de todo lo que ocurre y no se altera,
de todo lo que ocurre y me esclaviza,
de lo que al esclavizar me libera.
Escribo: luego, soy quien se domina,
y quien avanza en tierra descubierta.

Retrato

Hubo un tiempo en que escribí:
sobre el río, sobre las casas,
cúpulas, puente, avenidas,
con aciertos de acróbata,
pájaros, mitad luz,
mitad sombra, levantan
el mediodía de plata.

Pero el día era azul y no de plata,
y nacía de sí,
no de pájaros
(que tampoco era acróbatas).
La realidad parecía insuficiente:
el cielo tenía que ser de plata,
los cañaverales, espadas flexibles,
aquellos cañaverales
que emitían sonidos de arpa.
Pero también escribí después que
cada cosa está bien en su lugar
cumpliendo su destino.
(Sólo que no recuerdo dónde.)