LUKE nº 176 enero-febrero 2017

Kerman Arzalluz

Producciones lentas presenta: Del proceso creativo y la importancia de llamarse Peter.

Elegido el tema –los grandes Peters del cine- la cuestión se centra en la estructura, en el andamiaje. En un breve tiempo doy con un ramillete de Peters célebres ...

Genoa_1924-25
foto: Genova 1924 -25

Los caminos de la creación son inescrutables. El elemento seductor, el objeto de interés para el artista puede estar en cualquier parte. Por eso los autores abundan tanto en la importancia de la capacidad de observación. Puede ser que todo comience con una sola palabra o frase escrita en una pared, escuchada en el autobús urbano de camino a la oficina, o a la pareja de la mesa de al lado mientras se da cuenta del cortado y la napolitana del desayuno. Puede ser que el desencadenante sea una imagen del telediario del fin de semana o que uno se encuentra en un footing mañanero o en la cola del supermercado. Y no es rara la ocasión en la que un recuerdo más o menos lejano, aparece de repente, sacudido quién sabe por qué, y actúa como percutor de ese embrión de idea en el que uno empieza a profundizar hasta quizás –y solo muy improbablemente- convertirse en una composición literaria, fotográfica, musical, etc. de provecho.

Esta breve introducción viene a cuento de que recientemente me vino a la cabeza el nombre de Peter Handke –yo sé bien por qué- y automáticamente con el nombre acudió a la mente la idea de que estamos ante uno de esos autores diferentes y ello –ya en clara concatenación de pensamientos relacionados con el advenimiento-, el recuerdo de que son varias las ocasiones en las que individuos que considero de un nivel literario e intelectual alto se han referido a él; el pensamiento de que estamos ante uno de esos escritores que se denominan “de culto”; y la escena de un grupo de gente atendiendo a un tipo que diserta sobre Peter Handke con vehemencia, volcando sobre su auditorio toda su sabiduría handkeniana, para gozo de advenedizos, horror del resto y solaz propia.

Continúo por el camino trazado pero tomo un desvío y traslado al sabelotodo de la literatura al séptimo arte y me lo imagino en su versión más canalla y divertida, es decir, la del pedante ignorante que pedantea con una majestuosidad y solvencia inversamente proporcionales a sus conocimientos en la materia sobre la que imparte magisterio: “Sin duda, la filmografía de Aki Kaurismaki es superior a la de Abbas Kiarostami por la hondura de… bla, bla, bla”. Vuelvo al camino principal que ha trazado la aparición en mi mente de las dos palabras “Peter Handke” y llego a la pobre constatación de que lo único que sé de él es que es alemán –en realidad es austríaco- y que en su día leí con pena y sin gloria El miedo del portero al penalty y La mujer zurda. Se ha establecido la unión entre Peter Handke y el mundo del cine. Y de ahí –la concatenación de ideas tiene sus fisuras, trampas y saltos al vacío-, pienso en la cantidad de Peters que ha dado el cine, en la cantidad de grandes Peters que ha dado el cine, en la importancia de llamarse Peter, en la importancia de llamarse Ernesto, en Ernesto Che Guevara, Ernesto Sábato, Ernest Hemingay y Max Ernst. ¡Ya me he metido por un sendero dentro de otro sendero! Regreso de nuevo al camino, esto es, a la importancia de llamarse Peter en el cine y me decido a recapitular grandes Peters cinematográficos.

Elegido el tema –los grandes Peters del cine- la cuestión se centra en la estructura, en el andamiaje. En un breve tiempo doy con un ramillete de Peters célebres y la posibilidad de ahondar en sus bondades interpretativas y filmografías me produce pereza y me trae la certeza de que el artículo se alargaría en exceso. Y como no soy un tipo ni exclusivo ni excluyente y una exhibición de Messi me pone tanto como el 1984 de George Orwell, incorporo en esta fase estructural el fútbol a la literatura y el cine y me decanto por confeccionar un práctico y simple “once” de gala con Peters de cine:

Portero: Peter Pan: Vuela y siempre está joven. ¡Qué más se puede pedir bajo palos!

Laterales: Para correr la banda nadie mejor que Peter Fonda (Easy Rider, 1969); junto con el corajudo escocés Peter Mullan (Redención, 2011).

Centrales: Uno bien plantado, de los de toda la vida: Peter Lawford (Exodo, 1960); el otro, rocoso e infranqueable por arriba, con sus 2,21m: Peter Mayhew, más conocido como “Chewbacca” (La guerra de las galaxias, 1977).

Centrocampistas: para moverla con clase, Peter Cushing (Drácula, 1958); el trabajo sucio en la sombra de Peter Lorre (M, el vampiro de Düsseldorf, 1931); y la intuición de Peter Falk (serie Colombo, 1968-2003).

Y arriba, el tridente de ataque compuesto por: Peter O´Toole (Lawrence de Arabia, 1962), Peter Ustinov (Quo vadis?, 1951) y Peter Sellers (La pantera rosa, 1963).

Entrenador: Peter Jackson (El señor de los anillos: la comunidad del anillo, 2001).

Suplentes: Peter Vaughan (Lo que queda del día, 1993), Peter Ostrum (Charlie y la fábrica de chocolate, 1971), Peter Quinn (serie Homeland, 2011-2017), Peter Stormare (Fargo, 1996), Peter Weller (Robocop, 1987) y Peter Coyote (Lunas de hiel, 1992).

De acuerdo, es una apuesta agresiva pero, al fin y al cabo, tampoco se trata de un relato de ficción. No hay giro final tramposo y tiene su aquel.

Ni qué decir que después de terminar el artículo me relajo en el sofá con una Saint Peter´s de importación sin gluten –la botella de 50cl se ve graciosa, su sistema de apertura es como el de las gaseosas de antes- mientras suenan las primeras notas de piano de Tchaikovsky.