• El laberinto: (mintxo)
El abismo de la mirada: (pradip j.phanse - txema g.crespo)
Del interés del arte por otros sueños: (kepa murua)

El Laberinto (mintxo)

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El abismo de la mirada: (pradip j.phanse - txema g.crespo)
Nunca los periódicos han gastado más papel que ahora y nunca han estado más vacíos. En el universo del plástico, el diario de hoy ya no sirve ni para envolver el pescado de mañana y kilos de papel tintado comienzan a invadir la vida cotidiana de quienes todavía esperan encontrar en esos tabloides (ya todos son tabloides, hasta el monárquico y picolético ABC se acerca a este formato) algo más que noticias de agencia e informaciones de gabinetes de prensa.

Es una plaga. Las cabeceras se van acercando unas a otras: en los contenidos, por supuesto, pero también en la colocación de su nombre, en el uso del color, en la organización de las noticias. Y, sobre todo, en la elección de los temas que ocupan sus primeras páginas. Hasta en la cada vez más reducida selección de asuntos de interés editorial. El colmo de la endogamia.

Y con ella, el aburrimiento omnipresente como norma. La elección está clara: el partido de fútbol que juegan Real Madrid y Valencia o la selección de la próxima víctima de Gran Hermano. En una palabra, competición como mensaje único.
Cuando aquel iluminado de Fukuyama certificó con alegría el fin de la Historia, quizás tenía que haber anunciado que lo que se estaba legitimando (alguno pensará que casualmente) era el fin de la diferencia, el acabamiento de la creación sin beneficio, la imposición del ocio como nueva forma de trabajo, la competición (no competencia) elevada a fe universal. El embrutecimiento de los sentidos. El triunfo, en fin, de lo efímero como lo son hoy más que nunca los diarios que atan las manos y forran los cerebros.

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DEL INTERES DEL ARTE POR OTROS SUEÑOS (kepa murua)
Los sueños nos hacen libres sin que sepamos a ciencia cierta su auténtico significado. Hemos nacido con ellos y en el límite de la realidad y la fantasía nos aferramos al sueño para no caer en el olvido ni perder el sentido de aquello que no tenemos ni nos corresponde, pero que lo sentimos como algo necesario y muy nuestro. En el mundo del arte el sueño es inexistente si lo comparamos con un objeto, pero como un motor inequívoco del proceso artístico su recuerdo, el aroma de su existencia, es lo que sustenta la mirada del artista, la memoria colectiva, el arte de nuestro tiempo. El sueño es forma cuando adquiere consistencia, es materia cuando configura una realidad, es vacío cuando deposita el esfuerzo del entendimiento en el espacio que corresponde sólo al espectador, en el instante en que fue hombre y se hizo sueño. No es lo que pensamos, no es lo que decimos, no es el deseo en sí, sino lo que no sabíamos que era ni lo presentíamos hasta que adquiere su sentido en el arte y en la vida. Lo que pocos saben del sueño, es que como los objetos, en el momento que adquieren vigencia comienzan a dibujarse en libertad en sentido inverso. De la sombra a la luz y con las sensaciones del recuerdo y la memoria atravesadas por la mirada consciente del hombre, que es el que convierte ese sueño en olvido o arte. El interés por los sueños reconoce un mundo oculto y sombrío en el que la memoria y el deseo toman parte de una manera consciente, hasta que nuevos ojos descubren la validez y el significado de su abandono como una realidad del arte que nos retrata y reconvierte a menudo.

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