Enero 2001

jon kortazar
La ciudad escindida (I)
Actualidad y contemporaneidad en la literatura vasca
I

Cuando alguien proviene del País Vasco y habla de la ciudad escindida, los oyentes tienden a pensar que se hablará de política (y aunque podría ser el caso, porque la sociedad civil está sufriendo hoy un acoso extremo) prefiero hablar de lo que todo el mundo – fuera del País Vasco- habla: del museo Guggenheim. Sé que todas las fotos del museo que se han visto, retratan su cuerpo principal: el gran arco de titanio, la cristalera, la flor californiana, como se le ha llamado. Pero ese museo, al otro lado del puente, al otro lado tiene una cara oscura: una torre inacabada, indeterminada y también escindida. Es un museo, por ello, creado en dos cuerpos. Por el medio pasa el tráfico que viene por un puente.
Y la torre oscura del museo, la que no sale en las fotografías, está también escindida. Rota.
El público no sabe muy bien por qué y para qué se hizo la torre. El arquitecto Ghery dijo que así integraba el puente dentro del museo, un puente, por otro lado, de los más feos que en el mundo han sido. Esa torre muestra una superficie de color del mármol y por dentro se abre en una estructura de hierro, una forma vacía, de la que alguien comentó que allí podían situarse las oficinas del complejo. Ese espacio vacío es el que quisiera llenar hoy.
Porque hasta ahora la torre sólo ha servido para dar nombre a una exposición de jóvenes artistas vascos, quizás la primera de jóvenes artistas vascos que se realiza en el museo. Solo tuvieron antes que ellos dos precedentes, la exposición de Eduardo Txillida y la de Cristina Iglesias, pero a diferencia de éstas, la exposición de estos jóvenes artistas es la primera que produce el Museo de Bilbao, y además las obras se crearon para los espacios del museo.
“La torre herida por el rayo” es el título general para una exposición que recogía la obra de seis artistas y cinco propuestas, puesto que dos de los artistas trabajan juntos: Gabriel Díaz, Ferrán & Otero, Javier Pérez, Mabi Revuelta, y Francisco Ruiz Infante.
Si los traigo a colación, sabiendo que es posible que sea la primera vez que oyen estos nombres, en la confianza de que no será la última, es porque el responsable de la exposición, Javier González de Durana escribió:

Dada la universalidad del tema a tratar [Lo Imposible como meta, la idea de escalar al cielo y equipararse a los dioses, con el consiguiente enfado de estos] el hecho de que los artistas sean vascos, nacidos en algún punto de Euskal Herria o residentes en este país, resulta irrelevante. Son artistas. Unos viven aquí y otros andan repartidos por el mundo… Cumplido el requerimiento de que los artistas fueran vascos en el texto comisarial del catálogo no se menciona ni una sola vez su procedencia geográfica… Lo evidente es que –muy babélicamente- dominan el lenguaje universal de la comunicación artística.

¿Qué tendrán los artistas que no tienen los literatos, para que no tengan que hablar de actual y contemporáneo, para que por definición se consideren contemporáneos?
Ya sé, ya sé. Se diferencian en los materiales. Nosotros trabajamos con palabras que pertenecen a una lengua, que tiene una tradición, y que además, en neustro caso al tratarse de una lengua minorizada lleva consigo algunas consecuencias no queridas de la opción de escribir en una lengua así: por ejemplo la necesidad de preguntarse si somos o no actuales.
Estos artistas no: trabajan con piel, con algodón, con cristal, con metacrilato, con esferas, con películas, con el cuerpo humano.
Ya en la elección del material existe una constatación de lo que es y no es contemporáneo. También un amante de las letras podría decir que su material léxico y sintáctico cambia con el tiempo, y que mientras las “albas sonrosadas” es no-actual, “la explosión de una mañana” es más vanguardista.
Pero ello no quita un ápice el hecho de que los artistas no se planteen la cuestión de la misma forma en que lo hacen los escritores.
Quería comenzar con esta referencia al arte –no sólo porque arte y literatura fueron durante mucho tiempo de la mano- sino también porque el texto-guía de la exposición me servirá como en aquella pieza de Música para los cuadros de una exposición para un recorrido por la ciudad escindida.

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