• LA POESIA SI ES QUE EXISTE (kepa murua)
• LEER A OSCURAS (josé lezama)
• El libro electrónico (prieto avedillo)
• EL QUINTACOLUMNISTA (luis arturo hernández)

LA POESÍA SI ES QUE EXISTE (kepa murua)
La lengua expresa emociones y sentimientos, es conocimiento, es música y es silencio. Una lengua se aprende en la infancia, se cuela en la juventud como si nada y con tiempo madura en un código personal que busca la comunicación con los otros. Esa lengua es la que nos permite conocer la historia y la literatura, la que se impregna de cultura, de canto y poesía. Todo el mundo tiene una lengua con sus rencillas y pasiones, su riqueza literaria y su miseria política. Pero la lengua tiene su propia vida. Como la familia, tiene también su razón de ser y su carga de sentimiento, tiene su herencia y su testimonio. La lengua es parte de un patrimonio común que congrega a tantos individuos y desheredados como lenguas existen en el planeta.

Todo el mundo nace en algún lugar que otros eligieron por él. Todo el mundo cree amar una lengua por encima de otras, conocerla como si fuera sólo suya. Todo el mundo tiene una historia si habla de su lengua: el primer amor, la primera pesadilla, el primer golpe y jurar en voz alta como si no pasara nada. Pero la lengua cambia si los tiempos son otros. La tierra se mueve con el hombre, la lengua y los países cambian como cambian sus individuos. Hay ciudades que crecen, pueblos que desaparecen, sueños que se olvidan, pero la conciencia que manifiestan las palabras cuando uno puede abrir la boca es y será lo que siga imperando en todos los países.

El nuevo siglo se reconocerá por las emigraciones masivas, por los cambios radicales de la economía y la sociedad a los que asistirá el hombre con su cultura reconvertida en un eterno mestizaje. La cultura se impone por lo que se avecina tolerante. Será la comunicación con sus múltiples matices y la lengua un punto de encuentro y de peregrinaje, un símbolo vivo de la efervescencia del momento. Viviremos en ciudades donde convivan varios idiomas, donde se escuchen melodías diferentes. Habrá quien trabándose las palabras se reconocerá en una o en otra, pero las lenguas serán parte del proceso enriquecedor del hombre. Como lo serán las viejas y nuevas costumbres, los rasgos y las diferencias que nos asemejan al resto de los hombres.

Entorpecer esta emigración masiva, limitar esta nueva aventura, imponer leyes y reglas para defender una única lengua, jugar con ella por motivos ideológicos o electoralistas no tiene sentido. La lengua prevalecerá aunque no exista el hombre, pero el hombre es quien respira con ella y la hace vibrar en todo su esplendor. La poesía será el hombre con sus diferentes voces, y la lengua el plural conocimiento de una aventura que nos hará más libres, por más que algunos se empeñen en confundirlo todo.
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LEER A OSCURAS (josé lezama)
Luisa Etxenike, escritoras con voz propia

Para los lectores que no conozcan a Luisa Etxenike, podríamos comenzar diciendo que la autora descubre un itinerario consecuente con varias novelas publicadas y que públicamente se muestra como una escritora que destacando la libertad de la literatura en todos sus frentes y conceptos, defiende la validez y existencia de lo que muchos lectores reconocen como literatura femenina o literatura escrita por mujeres. Hemos escuchado a la autora afirmar que el mundo es de las mujeres y en sus novelas son las mujeres las protagonistas de una sociedad que nos envuelve con sus pasiones, infidelidades y reflexiones, cargadas de tensión y buena literatura.

Si Luisa Etxenike comenzó a escribir y a publicar joven, la primera novela con la que alcanzó cierto reconocimiento fue Efectos Secundarios, un libro de culto, agotado e inencontrable, en el que profundizaba en al amor lésbico y las consecuencias que el deseo y la pasión, así como la costumbre en la pareja, afectaban a un triángulo amoroso en el que cada personaje reflejaba una mirada peculiar de los hombres y las mujeres de hoy. Su lenguaje directo, con metáforas aisladas y diálogos tensos y descarnados premonizaban lo que en el futuro sería su campo de batalla creativo, el de las relaciones personales intensas a través de un lenguaje tenso, al límite y sin concesiones.

El ejemplo posteriorr fue El mal más grave, una novela de riesgo en el que la autora se adentra
con exquisita literatura y tacto formal en un tema que nos concierne en la sociedad actual, el de los abusos sexuales y la pedofilia. Quizás por que fuera esa la piedra angular del argumento la novela, pese a su modernidad, fue silenciada en los medios, pero El mal má grave se salvó de la quema que nos imponen los intereses de la crítica actual porque funcionó por recomendación personal y encontró un hueco entre los lectores, que disfrutaron con una lectura moderna, en el que se les invitaba a relexionar y completar lo narrado con sus sensaciones. En El mal más grave el drama shakesperiano del amor y su libertad cuando el suceso no se puede nombrar, tan sólo vivirlo como experiencia vital para sentirlo al máximo, era la puerta que se nos abría para disfrutar con la lectura de una buena novela.

Ahora con Vino, la mejor novela hasta la fecha escrita por la autora, Etxenike nos vuelve a sorprender con una historia de deseo y pasión a la que envuelve la metáfora del vino, porque si la trama responde a una necesidad de narrar y contar una historia ambientada entre viñedos, el vino es el protagonista ineludible de las sensaciones y sentimientos que se movilizan con descaro y ternura entre el pasiaje de sus protagonistas. Con un estilo y una voz equilibrada y madura, a caballo entre lo que se mostraba en Efectos Secundarios y lo que se insinuaba en El mal más grave, en Vino Luisa Etxenike acierta con el tono, con el tacto de las palabras que se desnudan en su significado, mientras su eco permanente merodea como una música que sólo se descubre al final, con los múltiples reflejos y sensaciones que atesora la intriga argumental de la novela

Una intriga psicológica donde el pasado y el presente aparece a través del recuerdo de los protagonistas, de sus esperanzas y sueños, de las necesidades en torno a un paisaje urbano que incide en el poder del dinero como un status determinado de los habitantes de la ciudad, frente a la calma y sosiego que empaña a los del campo, introvertidos en su filosofía y costumbres y con una mirada peculiar ante lo que les concierne en su totalidad. El deseo de unos y otros frente a las necesidades más perentorias, son el pretexto para escribir una de las obras más tiernas y tensas, enmarcada en un paisaje de amor y desamor familiar como una metáfora en los límites de la distintas realidades sociales existentes.

Traducida a varios idiomas y con una obra importante a sus espaldas, el lector que desconoce a Luisa Etxenike tiene la oportunidad de descubrir a una voz diferente con una novela de calidad que hasta la última página no desvela sus secretos.
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El Libro electrónico (Prieto Avedillo)
El salón del libro de París en la edición de este año ha vestido de largo a dos productos que todavía no son masivos, pero que se van haciendo un hueco: La literatura portuguesa, y el libro electrónico. Todo tiene su sentido, la literatura portuguesa con motivo de la concesión del premio Nobel el año pasado a José Saramago, y el libro electrónico por el lanzamiento del primer libro electrónico de tecnología europea, que casualmente proviene de Francia.

Este segundo producto ha despertado un sinfín de comentarios, y es que, la mayoría de los que se declaran como grandes lectores, están de acuerdo en que el libro es insustituible como vehículo de información y cultura. Hay algunos que incluso se muestran contrarios a todo ese tipo de adelantos culturales actuales... y amenazan con emular la actitud de Unamuno cuando se declaró enemigo del cine y se mantuvo así hasta el final de su vida; otros se niegan a abandonar su máquina de escribir, o luchan por no rendirse al teléfono móvil...

Todas estas actitudes son comprensibles y humanas. Muchos de estos lectores nos muestran sus asombrosas bibliotecas particulares. Bibliotecas que producen envidia como ninguna otra cosa, y paradójicamente, decepciona el poco o mal uso que se les da. Hoy por hoy no merece la pena poseer una inmensa biblioteca en número de libros, sino bien seleccionada y accesible.

Quizá porque mi biblioteca particular es modesta, y mis hábitos lectores crecieron en salas de lectura públicas, me encanta la idea de las bibliotecas de todos, en cualquier parte e inmediatas, que se avecinan con los libros electrónicos.

Pero no quiero engañar a nadie, a mí tampoco me gusta leer en la pantalla de un ordenador, porque cambia mi manera de leer e incluso elimina el placer que leer me concede, y además es culpable de mi corta miopía, pero hay que reconocer los avances en la difusión de textos gracias al Pc y a Internet. Por ello hay que estar con los ojos abiertos, pero sin caer en esnobismos, y reconocer que ver un libro electrónico hoy despierta primero curiosidad, después interés y acabas siendo conquistado a primera vista (al igual caíamos con los primeros microordenadores, o los sucesivos Macintosh).

Lo que menos me gusta es el nombre de libro electrónico, traducción del francés, y me gusta más “libro líquido” o “libro blando”. Tampoco me gusta la denominación inglesa de e-book , o cyber-book, y seguro que dentro de poco nos cansaremos de oír cosas como “ibuk”.

Como siempre dependemos de lo que pase en EE.UU o Francia en adelantos tecnológicos, pero quizá esta vez el salón del libro nos ayude a preguntarnos CÓMO ES EN REALIDAD UN LIBRO ELECTRÓNICO.

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EL QUINTACOLUMNISTA (luis arturo hernández)
El pez volador

Nosotros, dispuesto ya todo en la nave,/ nos sentamos dejando su rumbo al piloto y al viento.
Homero, Odisea

Como un Telémaco emitiendo teletextos de búsqueda y captura del padre Ulises, el odioso corsario Odiseo, se lanzó hace ya varios meses al proceloso piélago de la telemática esta nave, Luke, volando sobre las aguas del “vinoso mar infecundo”de Internet, desafiando al dios que posee los dominios del mar, Poseidón de cabellos azules que sacude la tierra-Terra incognita-con la furia aliterativa del oleaje www.

Sin otro Mentor que las “bacantes tracias que dieron muerte a Orfeo”, y al toque de la celestinesca vara de Hermes, mensajero de “los dioses felices que habitan los ciberespacios del cielo”, Luke dirige sus “palabras aladas” a cuanto internauta se cruza en su singladura, convocando sus almas virtuales cada vez que un navegante extiende los dedos rosados sobre el teclado, su blanca mano sobre el combo navío.

Por tu pie, bien se deja entender, no has llegado a esta tierra.
Homero, Odisea

Corta y navega, o navega y corta el viento -porque no corta el mar, sino vuela- un velero bergantín movido por los hilos del teatro de marionetas de la telefonía, que al socaire del Euro -viento que sopla hinchando las velas por estas latitudes-, se aventura con saltos de pez volador -por aire, tierra y mar, como en el sagrado juego de la oca- en los insondables campos celestes, abordando constelaciones de islas y archipiélagos de estrellas, visitando el arrecife de una galaxia o el sistema planetario de un atolón, sorteando icebergs, esquivando meteoritos, dejando una estela impresa de su andadura, el estro de su viaje astral en un firmamento hecho de firmas de aeronautas, el diario de abordo de una peripecia que no busca tanto Ítaca como al dactílico Ulises, “el igual a los dioses”, o al Leopold Bloom de un Dublín contemporáneo, dactilográfico y vigesimal, o al David Bowman de Una Odisea Espacial 2001 o a cualquier Nick digital, proteico astronauta polimorfo.

Tú fíjala bien en tu mente.
Homero, Odisea

La tripulación, heterogénea y variopinta como toda marinería virtual, se embarcó para la travesía en la aeronave-cóncava nave que se hace a la mar océana, convexa nave central de una iglesia elevada a los cielos como una gruta, nave industrial de fábrica terrenal cual lira o broquel- guiada por el práctico del puerto, inexcusable navegador, con su carta de marear y sus mapas de bits, y su aviso para navegantes incautos, dispuesta a no dejarse seducir por los cantos de sirena -ni de Escila, ni de Caribdis-, ni por Nausícaa “feaciente”, ni por Calipso inmortal, pero expuesta sin embargo - fatalidad de Zeus el Cronión obliga- al abordaje de piratas -”al manjar lanzaron las manos”-, al sabotaje de un virus troyano capaz de infiltrársele a un Pandáreo o al saqueo de cabotaje de los aqueos de Megapentes,al golpe en plena línea -online- de flotación, al naufragio que convierta Luke en balsa de un viajero vagabundo o en patera de un náufrago aventando a la corriente su mensaje etéreo, su botella salvavidas en este vertedero deletéreo, una página traída y llevada por el viento cósmico entre la hojarasca del fondo submarino, pecio a la deriva engullido por el río del olvido, ese Leteo desmemoriado que atesora en las profundidades de sus fondos abisales los archivos de tantos galeones sumergidos, o eco de voces de muertos que entre llamas y llantos claman desde el Hades infernal, como Anticlea, la madre del astuto Ulises, criptogramas y psicofonías que llaman al superviviente con los signos de las aves agoreras a fin de hacerlo caer por fin apresado en la red de Circe, en las garras circenses de un salto mortal sin red, en el ojo enciclopédico de la pantalla de la cueva de Internet, sombra de la caverna cibernética, quijotesca rúbrica sin firma, mnemotecnia de nombre alguno -capitán Nemo de un Nautilus fósil-, pez volador ahogado, internado tierra adentro tras las huellas de Ulisex, mis queridos muertos/as, cual escudero mutante y proteico del “caballero inexistente” de Italo Calvino:

Una vez subidas las redes a bordo, los pescadores ven aparecer en medio de un resbaladizo banco de salmonetes un hombre de ropas mohosas, recubierto de hierbas marinas.
-¡El hombre-pez! ¡El hombre-pez! -gritan.

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