Marzo 2001

enrique gutiérrez ordorika
"Genomas y gnomos, entre la ciencia y la magia"

La ciencia y la literatura comparten con la vida una misma historia: la de la búsqueda; en la que los hallazgos, por importantes que sean, son simples jalones que prolongan la circunstancia y admiten una u otra lectura según dónde se pongan los acentos. En esto, algunos compartimos la misma sensación que el geólogo de aquel film argentino titulado Un lugar en el mundo que, tras años dedicado a la ciencia, había llegado a la conclusión de que cuanto más sabemos más nos aproximamos a la magia.

La reciente publicación del prodigioso descubrimiento del mapa del genoma humano, ha sido saludado con alborozo, entre otros, por los que conciben cualquier progreso como la lucha del intelecto humano por ampliar el terreno de lo evidente y la sustitución de lo desconocido por una nueva forma de lo obvio. El que los 150.000 genes que preveía nuestra autoestima como hipótesis en el hombre se hayan reducido a una quinta parte -cifra muy cercana a la del chimpancé y poco más que la del ratón o la lombriz de tierra- no ha hecho sino aumentar las esperanzas de los aficionados al canon y las clasificaciones, que ven en toda simplificación la oportunidad de reducir cualquier explicación a una breve formula taxonómica en el que la verdad, a poder ser una e indivisible, se fije con nitidez.

De los enfoques periodísticos que han acompañado a esta noticia se pueden extraer algunas conclusiones:

La primera, que dado que los rasgos físicos externos corresponden al 0,01% de los genes, el concepto de raza es cultural y la superioridad racial -como ya sabíamos sin necesidad del genoma- una superchería que, todavía hoy en día, sigue alimentando esa perniciosa combinación de menosprecio y opresión que llamamos racismo.

La segunda, que entre las inmensas posibilidades que representa el genoma humano para el conocimiento sobre el desarrollo, la fisiología, la medicina y la evolución humanas y las ingentes cantidades que se necesitan invertir para que esas posibilidades den algunos resultados, hay unos cuantos avispados que ya han diseñado estrategias para convertir esto en un hito mundial de sus negocios. Nada por otra parte que no supiéramos también de antemano, y es que las diferencias sociales que no aporta el genoma hay quienes las compensan con los dígitos de la cuenta corriente.

La tercera, quizás la más desapercibida y también la más relacionada con la magia, sería la que, argumentando contra los partidarios de las simplificaciones, renueva las preguntas y con ellas revitaliza el misterio. Si la diferencia cuantitativa entre nuestro volumen genético y el del cangrejo de río o el lagarto común no es sustanciosa esto implica que hay que seguir buscando en otro sitio las razones de nuestras muchas y manifiestas diferencias. Algunos científicos, de hecho, ya han llamado la atención sobre que pudiera ser precipitado abordar las lecturas del genoma descartando el 95% que no es codificante, y que ha sido denominado ADN basura porque, según se ha dicho, no forma parte de los genes.

Para explicar los problemas que acarrea la lectura del mapa genético se ha recurrido a una metáfora lingüística: los genes serían los vocablos de un diccionario de un idioma desconocido que no puede traducirse palabra por palabra porque su verdadero significado depende del contexto, la sintaxis y la estructura que interrelacionándolos forma una narrativa. Para ilustrarlo con un ejemplo literario, una cosa es que un escritor reúna en su cuaderno toda las palabras que aparecen en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua y otra que éste posea una fórmula infalible para escribir el Quijote o simplemente un relato que merezca la pena.

Al parecer, nuestros libros de instrucciones genéticos sólo se diferencian en una letra de cada mil. Estas alteraciones de una sola letra reciben el nombre de snips -una abreviatura imperfecta de single nucleotide (ADN) polymorphism-, de la que algunos investigadores ya han descubierto 1,42 millones en el genoma humano.

Esto me inspira un modesto experimento casero: quito la letra e del vocablo Genoma y busco en mi diccionario alguna palabra que se le parezca. Encuentro Gnomo: ser fantástico, pequeño y con aspecto de viejo barbudo que habita en bosques o grutas, donde a menudo hace de guardián de misterios y tesoros. Y termino regresando al comienzo, reemprendiendo de nuevo la búsqueda entre la ciencia y la magia.

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