Mayo 2001

Del interés del arte por la rabia

kepa murua

El arte como el cuerpo humano puede ser frío o cálido. Un hombre frío puede por momentos volverse tierno y cariñoso. Un hombre cálido, silencioso, distante y huraño. El arte por su parte puede ser muchas cosas a la vez, un objeto sucio, un cuadro desproporcionado, una mancha sin luz, un dibujo de blancos, un móvil varado en una superficie, las proporciones del cuerpo en utensilios cotidianos por ejemplo. Pero pocas veces, supeditado como está a la configuración de un marco o a un entorno más o menos fijo, puede cambiar de estado o de coloración tal como cambia de ánimo el cuerpo humano. El arte del hombre está ligado a sus emociones contrastadas que van desde la alegría al dolor, desde el humor a la rabia. El arte es silencio, pero el grito preludia el movimiento del cuerpo, su paso por la vida, el nombrar de las cosas que sorprenden y cautivan al hombre. Nadie vence, ni la vida al arte ni tampoco el hombre. En el arte se retrata la quietud, la instantánea en calma, pero es la rabia contenida, la que se expresa en silencio o a gritos, una de las aristas motrices para entender la creación del hombre. Frente a la realidad subjetiva el golpe nos embiste a todos por igual. La rabia es un lenguaje válido para explicar lo que nos rodea y acontece Todos hemos hablado de la vida, pero para hablar desde la experiencia necesitamos de un descalabro, de un golpe, para entender lo que es el sufrimiento y más tarde su liberalización por la alegría o la tranquilidad que da el consuelo por haberlo intentado al menos. El hombre sufre y el arte parece que no se mueve, pero en el arte como en el hombre, la rabia tiene un efecto balsámico, primero te descubre desnudo ante la insignificancia del arte y luego te encubre ante la inutilidad del hombre por querer abarcarlo todo en algún momento de su vida. Es la ley de la vida como una metáfora que preludia el valor del arte ante las embestidas e idioteces del hombre. También la ley del artista en el mundo del arte, porque sólo con la rabia se abren las puertas del grito ante el abismo del hombre y del arte a la espera de un último paso, al que nos condena cualquier logro o cualquier fracaso.

Ilustración: A. Lz. de Luzuriaga

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