Julio 2001

Bajo huella

virginia elena cubillán
Reflexión poética

“Cuando la sed de ensueños y el hambre de expresividad se conjuraron, surgió entonces ese histrión que llevaba consigo tan sólo una pluma colgada de la mano, y comenzó a plasmar jeroglíficos literarios en paredes por donde sólo el tiempo había pasado y donde las huellas estaban ausentes.”


El poeta, en su afán innovador, demuestra que en esencia es distinto a los demás. Lo hace a través de una palabra, de una frase, o de un estilo en su pluma que logra escurrirse en los rincones más íntimos de la sensibilidad humana, de una manera elocuente y objetiva que hasta satisface, a pesar de su lacónica existencia, a la más aquejada de todas las almas.

Crea con pinceladas metafóricas los llamados cuadros imaginativos que se encienden en la memoria de los lectores. Les lleva de la mano hasta tierras jamás pisadas por su consciente y les ofrece el placer de ver sus sueños hechos realidad por unos minutos que se hacen eternos, o por lo menos mientras la imagen no deja de revolotear sobre sus propias cabezas, al mismo tiempo que sostienen entre sus manos esa rebanada sentimental que es el poema. El poeta resguarda bajo sus alas los sueños y las utopías de aquellos que buscan en unas palabras, en unas frases, la puerta de escape de la realidad y les conduce al encantamiento de una tierra paradisíaca que es el sentir a través de un escrito en forma de poema, soneto, oda, o simplemente una carta de amor.

El poeta es morador de calles sin salida, de laberintos y de enigmas. No haya nada fácil su existencia, y por lo menos una vez en cada esquina se le señale con el dedo mismo de la ignorancia. Se alimenta de experiencias significativas y profundas. Convive entre las bestias que son las ansiedades del mundo real y el ente de un universo que gira en torno a las palabras, alrededor de un eje que es el de los sentimientos. El ser escritor no significa tener siempre la disposición de palabras para expresarse; ser escritor significa hacer uso melodioso y mesurado de esas palabras sin necesidad de que el momento para que éstas surjan sea dado a la fuerza, siendo dictado por las pautas mismas de la sensibilidad y del estado de ánimo.
En medio de los avances tecnológicos y una emergente sociedad internetizada que se alimenta cada vez menos de libros y cuya dieta se basa en poder, riqueza y política, si hay alguien que sobrevive es ese adepto a las letras, enamorado de las palabras y a cuya pasión permanece fiel; ese mismo que a las calles se lanza para enfrentarse a la propia realidad y buscar lo inexplicable contra-corriente.

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