Espacio Luke

Luke nº 142 - Septiembre 2012. ISSN: 1578-8644

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Cuadernos Oxford

Pedro Tellería

El tiempo de la vida es la novela que Roberto Lastre ambientó en la Cuba de la que huyó. La novela, fuera de las erratas que él mismo reconoce con humor, está muy bien escrita y parte de una situación verídica: los casi veinte años que un hombre pasó encerrado en casa de su madre hasta que, siguiendo su propio consejo, emprendió una huida a Miami que se reveló como una encerrona para procesarlo y condenarlo. Pero más allá de la historia, que queda abierta en numerosos frentes, el libro retrata con acidez y tristeza la Cuba de Castro, con la omnipresencia de un régimen presuntamente revolucionario pero en el fondo totalitario donde la pobreza material se aúna con la indigencia moral de sus dirigentes y de muchos conciudadanos, obsesivos cumplidores de la ortodoxia comunista. Canto a la libertad, denuncia de la sinrazón de las dictaduras, periplo mental de un Ulises inverso que aguanta veinte años sin salir de la isla, el libro contiene suficientes resonancias, ecos, guiños y segundas lecturas como para convertirlo en un modesto descubrimiento particular. Con sus gotas de realismo maravilloso, de filosofía contemplativa, de costumbrismo urbano, de sexualidad caribeña, de simbolismo narrativo, su lectura me ha atrapado y me ha descubierto toda la dimensión literaria de Lastre, el fiscal que huyó de la isla caribeña para recalar en Vitoria y continuar su vida como si tal cosa. Es preciosa la simbología de las palomas y de las lechuzas como lo es el equilibrio y el contraste entre el protagonista, Román, que no se despega de su abnegada y ambigua madre, y su padre, un marino que abandonó a su familia y aprovechó uno de sus viajes para perderse en Oriente con su nueva amante. Su libro me recuerda a las dos novelas que no hace tanto tiempo Ikusager publicó del ruso Serguey Dovlátov, el periodista que huyendo de la URSS se refugió en Nueva York, donde siguió bebiendo todo el alcohol del mundo y escribiendo con vitriólica lucidez sobre el gélido infierno soviético.

El tiempo de la vida