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Luke nº 144 - Noviembre - Diciembre 2012. ISSN: 1578-8644

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Poemas

Javier Alvarado

BOCA LA CAJA

Ya habrán desaparecido las casas
Y los restos del colmenar en el invierno.
Ya nadie azotará las redes desde la parquedad
De las barcazas. Todos se fueron yendo
Cuando quedó cercada la infancia
Por los temibles edificios. Ya nada es más distante
Que el tiempo y su sombra, que el veredicto final
De las casuchas que desaparecen como el último
Recuerdo que dejó Dios en la memoria, quizás no fuimos
Tan mortales y perecieron nuestras huellas.

¿Adónde va Boca la Caja con sus centellas
Y sus muertes?
¿Adónde sus fogatas y la pesca que se va desvaneciendo
Como una temible batahola?
Ya no se escucharán más las risas y los llantos,
El arroz con coco y los pescados se nublarán
Con un bocado de hambre y mansedumbre.
Sólo miro el avance del concreto y una luz
Se apaga en el poblacho.
Mi infancia quedará arrebatada por los altos edificios.
La Virgen del Carmen se quedará en la tierra.
Sólo quedaremos en vídeos y postales.
Algún cronista nos llamará: un pueblo perdido,
El invierno lloverá dentro de nosotros
Y ya nadie azotará las redes
Desde la parquedad de las barcazas.

EL CARIBE SUELE SER UN ROSTRO

Hay un algo tan cercano que no deja definir su rostro
Quizás el de la ciencia
O el velero que se apaga
Esos que atisban la sal de los dominios y los recuerdos respirados de medianoche,
Lo que se incrusta en la pared
Como un testigo lapidario o un fusilamiento en las rosas del muro
Lo que fustiga a la quietud y a la inverosimilitud de la gravedad con la manzana
El epitafio rojo de los acertijos y de las lagunas mentales
Que no pedía tener
Cuando era un aprendiz
Y detrás de los abedules solía mantener pláticas
Con mi primer maestro
Donde él –todos los lunes capacitaba la luna de su tedio–
Le daba asco el café y solía caminar solo por la nieve de los parques;
Dicen que en Hyde Park protestan contra el miedo
Contra la luz inhumana y la inflación
Y hay alguien que afirma
Haber protestado contra la multiplicación de los clones
Cuando escuchábamos la sonata y a Eliot desperdigar maldiciones
Contra su cruel Abril
(A T.S. Elliot solían darle unas gripes muy fuertes
Durante esa época del año)
Contra eso que tiene la voluntad de ser
Una guillotina en medio de la palabra o de los astros
Las cartas antiguas que los amores evaporaron
En las hogueras de ópalo y las fuentes de odio incontenible

El caminar por estas avenidas es agitarse con el aire londinense
Esperar una palabra quieta o una humedad extraña bajo la axila
Cuando el viento barría las hojas fulgurantes del otoño
Que anunciaba su testamentaria muerte, su boina derribada
Por los ciclos del hambre, los vagabundos solían cantar
Esa extraña canción de sir Elton John cuando estaban borrachos
Y osaban tirarse al Támesis después de hacer su trato con la vida

Yo exigía una mirada o algo que se pareciese a la resurrección
A una explicación votiva que me hacía huir de la madre y del cadalso
Me alejaba por los bares como portando un as para redimir al futuro
Las barajas temblaban afiebradas sobre la mesa del póker
Los juegos peligrosos anuncian una entrada con sigilo.
Es un puente imaginario que estatifica los augures de la fiesta
La canción prenatal que se descosía ante el ritmo de los paraguas y los truenos.
Yo empujaba con mi soplo la carrera acelerada
De las ratas blancas que hacían girar la rueda
De nuestra conciencia colectiva;
Ese desesperado pataleo por alcanzar la libertad
Y la amplitud deiforme de la imagen
(Evita la transición y el paroxismo)

Siempre he tenido miedo a las grandes ciudades
A que me devoren con sus alféizares temibles
O con las puertas enormes de sus grandiosidades pedestres
Esos dioses de hormigón que rascan la columna vertebral del aire
Aún las edificaciones albergan la división de las lenguas.
Temo a seres extraños y a mis terribles conocidos
Algo como deshojar
la agarofobia

(Digo sucede en blanco, por la explosión que me aniquila)
Algo tiembla debajo de mi bufanda como una serpiente tiritando por el frío,
Le hacen falta las hiedras y las ofrendas germinadas
Por la lengua de la leche;
El hipocampo que la trajo desde el mar
Donde batallaron lugareños y guerreros invasores;
El mar suele devorar a las ciudades
Aún en presencia del sismo o de la tierra.

Esto cavilaba desde las ventanas de mi hotel a oscuras
En South Kensington, con la palangana de la brisa
Y los recolectores de la siembra
Atisbando desde lo gris al sol de mi país,
Esa yema milagrosa de los trópicos.
Yo solía recorrer los parajes sin esperar la extremaunción
De los poderes,
Eso que puede ser una ilusión o una utopía
Por alcanzar la radioactividad de lo real y la certeza
Una llama que nos espera en la guarida del relámpago
Un invierno legendario en cada mano
Algo que nos puede imposibilitar llegar hasta las canoas
Del otro lado del Atlántico.

El Caribe es esa noción de ser
Ese tambor primigenio atornillado a la cadera

Nos reuníamos en esas noches
Con la arena y el sopor de las ensenadas
Yemayá y Ochún tiritando desde las infinidades
–Saladas y dulces
De agua y tierra del Caribe–
Elegguá abriéndome las puertas de su cielo promisorio
(La pluma del escritor que tantea la historia
De esa mestizada humanidad)

Es entonces esa caribeña razón de ser
La que me convida a sentarme
Y a observar mi rostro disuelto en otros rostros
Las frutas gritando por la violación de los molinos
La llama de nácar y la yegua que se posesiona del enjambre
Esas abejas visperadas para el equinoccio
La memoria de la concha y el arquero de las cañas
Penetrando en el hormigueo del corazón con su machete

ARS POETICA: EL POETA

Ser y seguir siendo siempre la voz ante todos los sucesos individuales y colectivos de la humanidad: la poesía la escriben algunos y todos, que son parte de la misma masa, del mismo átomo, del mismo o distinto gen, del mismo génesis o apocalipsis, apoyándose en las alas de todos los calendarios: escribiremos con ella las utopías que se alcanzan, las inalcanzables y las que no seremos testigos de palparlas. Me uno a Gonzalo Rojas cuando dice: “Dormiremos progenitores en el polvo con nuestras madres que nos hicieron mortales, desde allí celebraremos el proyecto de durar, parar el sol, ser ¿cómo los divinos? ¿de repente?”.

Javier Alvarado

Javier Alvarado. Poeta panameño nacido en 1982. Ha realizado lecturas de sus poemas en Cuba, Chile, Nicaragua, Costa Rica, México, Inglaterra, Guatemala, El Salvador, Escocia, Uruguay y Colombia.

Fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía Joven de Panamá Gustavo Batista Cedeño en los años 2000, 2004 y 2007. Es Premio de Poesía Pablo Neruda 2004 y Premio de Poesía Stella Sierra 2007 y poeta residente por la Fundación Cove Park (Escocia, 2009). Ha recibido la Mención de Honor del Premio Literario Casa de las Américas de Cuba 2010 con su obra Carta Natal al país de los Locos (Poeta en Escocia), el Primer Premio de los X Juegos Florales Belice y Panamá, León Nicaragua con Ojos parlantes para estaciones de ceguera. Asimismo, es Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán 2011 en poesía por el libro Balada sin ovejas para un pastor de huesos y Premio Internacional de Poesía Rubén Darío de Nicaragua 2011-2012 por su libro El mar que me habita. Cuenta con once poemarios.