Espacio Luke

Luke nº 135 - Enero 2012. ISSN: 1578-8644

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En las distancias cortas. Mascotario (VI)

Kerman Arzalluz

El ululan bator

Se trata de un animal que jamás ha visto nadie, pero se sabe que es y está porque, según dicen, tenemos pruebas que de modo empírico nos demuestran su existencia. El ululan bator es como el átomo del reino animal o, si se prefiere, elevando el tono cósmico –que no cómico– una pequeña deidad en la que los fieles creen y los descreídos no.

En las noches capitalinas del frío invierno mongol se escuchan aullidos en el cielo y a ras de tierra también; unos alaridos bien distintos al roce del aire contra los árboles y las fachadas. Se trata del ululan bator, según los empíricos creyentes en su empirismo, y un viento la mar de cabrón según los empíricos no creyentes y los creyentes creyentes que no saben lo que es el empirismo. Incluso hay para quien se trata de un algo desconocido pero benefactor, pues arrulla el sueño de los más pequeños. Para los menos nos es más que una mascota inventada dentro de un juego metaliterario.

El entrecoreas

Es un gusano platelminto que vive exclusivamente en la zona desmilitarizada entre Corea del Norte y Corea del Sur. Aunque de puro perogrullo huelga decirlo, se trata de un animal invertebrado acelomado protóstomo triblástico que se encuentra en el agua como pez en el agua y en el parqué de madera calefactado de una casa como pez en el parqué calefactado de una casa. También abunda en las zonas terrestres húmedas. Por ello no lleva nada bien el entrecoreas la vida en una zona tan caliente como la suya.

El entrecoreas es hermafrodita y se aburre muchísimo todo el día franja arriba franja abajo, sin poder salir de la estrecha senda. Como gusano que es, arrastra de maravilla y por ello dedica gran parte del día a jugar al tute y a pescar todo lo que pilla a su paso: otros gusanos, babosas, pequeños insectos y chicles y colillas de cigarrillos americanos.

Se deja querer tanto por los soldados norcoreanos como por los surcoreanos, ávidos de compañía. Al entrecoreas le da igual arre que so y parasita indistintamente con unos y con otros. De modo que se adentra en el oído de su compañero y amigo soldado, rumbo al cerebro –donde más a gusto se siente– y disfruta jugando y enredando con los pensamientos, que en un caso tienden hacia la soflama y en otro hacia determinado sueño.

entrecoreas