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Espacio Luke

Luke nº 125 - Febrero 2011

El martilleo que no cesa nunca

Ricardo Triviño

Antes de que el cómic empezara a tener más peso en las bibliotecas españolas, aprendí en Inglaterra que podían albergar tebeos que no fueran de Tintín o Astérix. Entre los montones de cómics de superhéroes que acaparan el imaginario anglosajón, además de las revistas de 2000AD con Juez Dredd a la cabeza, se podían encontrar obras como Watchmen o El regreso del caballero oscuro. Junto a ellos estaba A murder of ravens.

Alan Moore era un reciente descubrimiento personal. Encontrar más trabajos suyos era una satisfacción. El libro, traducido aquí como Una bandada de cuervos, recopilaba los números del 43 al 50 de la colección original de La cosa del pantano. No conocía al personaje ni el universo DC en general. El libro continuaba la saga comenzada por Moore en el número 22, aunque había historias breves e independientes de la trama central que funcionaban como cuentos de terror. El resto no era fácil de entender, ya por las referencias a episodios anteriores, ya por dificultades en la comprensión de la lengua inglesa. El estilo era feísta y la amalgama de elementos y personajes era caótica. Viajes al inframundo, muertos vivientes, un detective espiritual, alucinaciones, pesadillas, Batman, los pantanos de Louisiana, hippies y un bicho verde y monstruoso como protagonista conformaban un sentimiento de incomodidad e incomprensión que no dejaba de crecer. Pero hubo una historia breve y autónoma, un cuento, que consiguió provocarme lo que ningún tebeo hasta la fecha me había provocado antes: miedo.

Este enero, Planeta deAgostini ha empezado a reeditar, en color y encuadernación rústica, la etapa de Moore al frente del personaje creado por Len Wein y por el dibujante Berni Wrighston en 1971. A diferencia de la edición anterior de Norma, en blanco y negro, se ha incluido el número 20 en que el autor británico ataba los cabos sueltos de la etapa anterior. Ya en el primer volumen aparecido, de los tres que serán en total, resulta innegable la relevancia de los cambios imprimidos por el genio inglés. El chamán de los cómics reformula el origen del personaje dándole todo un nuevo abanico de posibilidades. El científico llamado Alec Holland, que por una terrible explosión en su laboratorio se vio transformado en un engendro mitad hombre mitad planta conocido como Cosa del Pantano, descubre que en realidad no es quién creía ser. La Cosa del Pantano no es humana: es un vegetal que por culpa de los residuos químicos procedentes de la explosión ha adoptado, por contacto con el cadáver de Holland, no sólo forma humana, sino también sus recuerdos.

El abismo es enorme. Ya no se trata de una mente encerrada en un cuerpo monstruoso, como la Cosa de los 4 fantásticos o como Clayface, el enemigo de Batman. Es una montaña de musgo antropomórfica que se ve subyugada por recuerdos ajenos, por una humanidad que no le pertenece. El capítulo tercero, “Empantanado”, número 22 de la colección original, es una reflexión de la Cosa del Pantano, ya no más Alec Holland, acerca de quién o qué es, un planteamiento paradójico desde el momento en que esas cuestiones surgen de una conciencia humana, intrusa en su naturaleza vegetal. Su origen se irá complicando a medida que aparezcan nuevos datos, dándole una repercusión más universal. Pero Moore no invade el cómic de metafísica para borrar la esencia terrorífica de estas aventuras. Zombis, espíritus y demonios continúan conjugándose elementos repugnantes, misteriosos y sanguinolentos, no sólo en los relatos breves sino también en la línea central de las aventuras, donde La Cosa del Pantano conocerá a John Constantine y se verá envuelto en la salvación del mundo espiritual.

El auténtico terror, sin embargo, ya no serán monstruos. Vendrá dado por la otredad, que es la esencia que crea monstruos. El protagonista se enfrenta al fantasma de Holland y a los recuerdos que le invaden. Aunque entierra sus restos, es incapaz de enterrarlo porque la memoria del científico vuelve una y otra vez. Abby, la bella de la bestia de esta historia, no puede evitar llamarlo Alec. La única solución para la Cosa, finalmente, es asumir poco a poco su naturaleza poliédrica. Por su parte, Abby se enfrenta a la locura. Constantemente lucha contra su propia mente. La frontera entre lo real y lo ficticio es débil en este enclave misterioso de Louisiana. Su propio marido no es quien parece y, cuando lo descubre, Abby recuerda todos los momentos felices e íntimos, y se da cuenta que aquel sentimiento de protección y amor no existieron jamás. Moore se encarga en este primer volumen de reforzar el vínculo entre ambos personajes, tan aparentemente distintos pero unidos en su desvalimiento, enfrentando al lector a la aceptación del amor por encima de cualquier barrera.

El dibujo de Stephen Bisette se ajusta a la perfección al género de terror, en el que está especializado. Su estilo feísta, recargado y escabroso, unido al entintado detallista pero limpio de John Totleben, a imitación de los grabados, genera inquietud y extrañeza hasta en las escenas más cotidianas. El color expresionista, a imitación del original, sobre papel mate, no le roba el toque lúgubre ni la nostalgia a la reedición. Abre el primer tomo un índice de capítulos muy completo, donde se señala en qué numero de la serie original apareció. El prólogo y la introducción que lo siguen son bastante insulsos. El epílogo, en cambio, a cargo de otro maestro de la historieta, a su vez reinventor de The Sandman, es otro cantar. Neil Gaiman nos regala un análisis excepcional de todo lo que acabamos de leer, no sólo explicando o alumbrando pasajes que hayan podido pasarle por alto al lector sino razones del porqué de ciertos episodios, aduciendo las razones editoriales.

Difícilmente puedo poner pegas a la lectura de La Cosa del Pantano de Alan Moore N.º 1 publicada por Planeta deAgostini. La única, tal vez, es la duda de saber cuándo aparecerá el segundo tomo que contendrá aquella historia de terror que me hizo estremecer y de si, nuevamente, volveré a sentir el miedo y la oscuridad de aquella insomne bandada de cuervos.