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Espacio Luke

Luke nº 125 - Febrero 2011

Andar por el aire

Emilia Lanzas

ANDAR POR EL AIRE
De Julio Jurado
Editorial Gens, 2010

Andar por el aire no es exactamente volar, sino más bien deslizarse en el límite preciso entre el suelo y el abismo. Es deambular entre la sustancia y lo etéreo, sobrevivir sobre la materia para no caer en la inconsistencia. Andar por el aire no es volar pero sí es, en cierta manera, poseer la sublimación del ángel, manifestar la contraposición de los principios adversarios que coexisten: bondad, perversión; amor, muerte. Como el Ángelus Novus de Klee, según Benjamin: “… Desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irrefrenablemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo…”. O como dice el propio autor: “Andar por el aire sin nada a lo que aferrarse”.

class="espacio"El aire, el hálito vital creador: la palabra. Los veinte cuentos que configuran este libro construyen toda una cosmogonía que recrea el reverso de la cotidianeidad en el que el caos no está ni mucho menos excluido, porque de él somos parte y a él contribuimos. Desde un humor sarcástico la existencia –que siempre coexiste con lo imaginario- es planteada en todos sus abismos.

La realidad revelada del sueño, la carnalidad presente, la sangre. Cada una de las partes del cuerpo, los dedos, los ojos, los brazos, nos pueden llevar a la pérdida. Ten cuidado por dónde pisas, nos habla de esa línea insignificante que no separa del otro lado, de la amputación que crea la diferencia, que aumenta las reacciones emotivas, que lleva a los personajes al mundo de los villanos. Y la otra amputación, su reverso, que supone el desprendimiento más cruel para ajustarnos a la norma y a la alienación.

La familia, esa conjunción perversa que sustenta lo impuesto, es desenmascarada en cuentos como El constructor no se queda a cenar o Futuro imperfecto; las parejas que cohabitan en la misma imposibilidad, como en La taza que no me gusta; la autoridad castradora de El don de la hija o Futuro imperfecto. Si el cuento es acontecimiento puro y lo verosímil no existe, las historias de este libro desembocan en lo surreal, en desenlaces ocultos. Con un lenguaje que se ajusta a lo narrado, sin retórica alguna, pero con un ligero toque poético, con una leve ternura, Andar por el aire expone las enormes digresiones de la vida, el combate continuo, la búsqueda que nos lleva por imprevisibles derroteros.