Luke nº 122 - Noviembre 2010 (ISSN: 1578-8644)

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Cuadernos Oxford
... El valor de la confesión en la vida radica en la necesidad de ser escuchado para encontrar comprensión que alivie, y no asombro que escandalice ...

Pedro Tellería

Azul serenidad o la muerte de los seres queridos es una rareza que debo agradecer a Luis Mateo Díez. Las muertes de su cuñada Charo y de su sobrina Sonia lo llevaron a escribir un libro que, como explica, le permitiera comprender la inesperada dureza y la manifiesta injusticia de la muerte. No es una novela, sino un texto sin género que se abre como un rosal y cuya estructura sin estructura deja una sensación sólida y área a la vez, profunda y frágil, algo que muy pocos textos actuales consiguen. Me ha quedado una gratísima sensación de misterio y templanza, de inquietud y sosiego, tras su lectura, lo que sólo puede conseguir un curtido escritor al hablar de la muerte. Se nota la maestría en el arte cuando el artista consigue que el espectador no sepa distinguir entre sentimientos y tema, de forma que asunto y emoción parezcan indiscernibles. El autor logra así contagiar el virus de su mirada al lector, que ante la fuerza inoponible de la obra no es capaz de distinguir mirada de tema, asunto de estilo. Ante Azul…sólo puedo decir que la muerte es tal como Luis Mateo la cuenta, y lo mismo sobre el recuerdo de los seres queridos. Lo mismo podría decir sobre Manrique o Quevedo. Pese a las agudas diferencias, tras la lectura de un soneto del primero o una copla del segundo, la fugacidad del tiempo es “tal como” ellos la expresan, no puede ser de otra forma, sin que el lector puede discrepar de ello. Creo que a este rasgo alguien lo llamó inevitabilidad del arte.

El librito es también valorable desde la perspectiva de la literatura de testimonio frente a la literatura de ficción. En el dilema entre el diario y la novela han surgido infinidad de variantes imposibles de reseñar: mi memoria ni mi conocimiento son tan vastos. El texto de LMD, sin embargo, descuella porque precisamente carece del exhibicionismo característico en esta sociedad de subjetivismo electrónico. El valor de la confesión en la vida radica en la necesidad de ser escuchado para encontrar comprensión que alivie, y no asombro que escandalice. LMD envuelve los datos concretos en un aire de niebla recatada que agradezco en estos tiempos donde muchos ciudadanos han renunciado a su propia intimidad en perjuicio de todos. La discreción del leonés al abordar ciertos detalles sobre su sobrina es un valor que sirve de ejemplo.

El libro se completa con una parte final donde LMD publica las cartas que, en respuesta a las fotografías enviadas por su sobrina, él escribía. Son siempre niños que miran al objetivo a través de una cancela de barrotes. Ese simbolismo discreto, elegante y sentido es el broche final a un libro donde la muerte es el aldabonazo para buscar el encuentro con el otro y la comunicación de afectos necesaria para seguir viviendo con templanza. Los hombres, al final, anhelamos la escucha sanadora, la piedad por el dolor y la comprensión de los afectos.

Azul serenidad o la muerte de los seres queridos