Luke nº 113 - Enero 2010 (ISSN: 1578-8644)

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Overbooking: Una clave (I)
... Hasta ese momento nunca habría imaginado su existencia. Ni una pista que apuntara que era posible... uno de esos tesoros cuando se sienten, pero que, para hacerse muy de valer, viven disueltos, por necesidad propia, en el silencio de la oscuridad ...

Irene Basilio

Fue sólo una. Una, en toda su vida. Ni siquiera una grande llena de otras, ni una excepcionalmente larga. Fue sólo una microscópica puntita en el barullo de sus años, un minúsculo paquetito que guardar en su desorden y que conservar entre olvidos... Le exigiría de mucha concentración en el futuro.

Para los demás, claro, no valió nada. Ella fue la única responsable de su supervivencia, la primera en cogerla, en agarrarla con fuerza, y ante eso, nada por hacer. Y es que, en manos ajenas se convertía en incomprendida y como tal, cabizbaja, escapaba.

Para ella, eso sí, fue un comodín sobre el que apoyarse en momentos de suspiros. Un tirabuzón en el que lanzarse, segura del rebote. Y por cierto, una joya que lució hasta escondida... Eso a partir del después; porque, en el ahora, fue... fue algo sin palabras.

Hasta ese momento nunca habría imaginado su existencia. Ni una pista que apuntara que era posible... uno de esos tesoros cuando se sienten, pero que, para hacerse muy de valer, viven disueltos, por necesidad propia, en el silencio de la oscuridad.

Antes de hacerse con ella, su vida había transcurrido con normalidad, de esa que a todos nos hace creer iguales. Un tiempo que apenas se distinguía del otro, un reloj en el que los segunderos relataban acontecimientos sin grandes pretensiones. No podía presumir de buena suerte, pero tampoco descansar su cansancio en la mala. Ni compadecida víctima, ni glamourosa premiada. Eso le requería de una fuerza de voluntad aún mayor, así que, cuando llovía, procuraba calor y los domingos los adornaba con algún quehacer simpático guardado en el bolsillo. Los lunes se despertaba, valiente, un poco antes para que la casa oliera a buen café, y al entrar en el trabajo pensaba en sus ilusiones de adolescente. Como todos los normales, intentaba un justo maridaje entre risas y angustias... entre logros y tropezones; su vida era, en definitiva, un paseo de equilibrios donde aprender a mantenerse, era el primer guión de la lista.

Pero... un día cualquiera, en un parpadeo de sujeción completa, la cogió al vuelo... y todo fue diferente sin que nada cambiase.