Luke

Luke nº 100 - Noviembre 2008
ISSN: 1578-8644
Luisa Balda

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E. M. Cioran, el ensayista rumano que escarbó en la desesperación y el no-sentido de la existencia, consideraba una gran desgracia haber pasado la frontera del no-ser, y en sus palabras late el constante anhelo de fundirse en lo uno, en un todo previo al lugar de la existencia: "el ser se deslizó fuera de no se sabe dónde…".

Y en busca de esa íntima unión a menudo fracasa. Y su fracaso quizá lo sienta más profundo cuando logra en pequeñas ráfagas, en puntos sin lugar ni tiempo, acercarse a la armonía. Estos hallazgos en vez de calmar su anhelo lo acrecientan. En vez de dar sentido al hecho de estar vivo, lo despojan de forma más abrupta. Pero el autor mantiene siempre su mirada más allá: "La percepción de lo precario elevada al rango de visión, de experiencia mística."

Y su búsqueda la encamina por una dirección distinta, contraria a la que eligieron místicos como san Juan y santa Teresa: la mirada de Cioran se dirige hacia atrás, hacia abajo; no hacia arriba, hacia delante, hacia el futuro de lo ya nacido como hacen ellos: "Nunca estoy a gusto en lo inmediato, sólo me seduce lo que me precede, lo que me aleja de aquí, los innúmeros instantes en que yo no fui: lo no-nato en suma."

Cioran, con el mismo significado, con el mismo anhelo de armonía que los místicos, emprende un camino inverso, hacia lo que fue anterior al tiempo: "En lugar de atenerme al hecho de nacer como me aconseja el sentido común, me arriesgo hacia atrás, retrocedo cada vez más hacia no sé qué comienzos, voy de origen en origen. Un día, quizá, logre alcanzar el origen mismo, para descansar en él, o hundirme."

Y parece que quiso explicarnos el modo de lograr esa calma fugaz que, como tantos, ansiaba: "Cierro las cortinas y espero. De hecho no espero nada, solamente me torno ausente. Limpio, aunque sólo sea por unos segundos, de las impurezas que opacan y obstruyen el espíritu, accedo a una conciencia vacía del yo, y me siento tan calmado como si reposara fuera del universo."

Y ese camino nada tiene que ver con dios, porque, como nos cuenta Córtazar en El Perseguidor, "si realmente está del otro lado de la puerta, maldito si me importa. No tiene ningún mérito pasar al otro lado porque él te abra la puerta. (...) no quiero saber nada con ese portero de librea, ese abridor de puertas a cambio de una propina."

Es una búsqueda que comienza en uno mismo y aspira a un punto inefable, libre de tiempo y de espacio, donde la comunicación total se haga posible. Una búsqueda de los lugares anhelados por los místicos que conecta con hilo invisible las mejores obras artísticas, las mejores notas, las más depuradas palabras. Y es indiferente la dirección que se elija en ese caminar, porque, como nos dijo Chillida, "¿no es tan vanguardia el crepúsculo como la aurora?"

E. Cioran
E. M. Cioran
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