Luke nº97 Junio 2008

Ladrada del afilador de poemas

Yo quisiera ser un perro
Javier Corcobado
El Gaviero

El madrileño, afincado desde hace un lustro en Almería, Javier Corcobado es fundamentalmente conocido por su dilatada carrera musical. No obstante, la poesía ha estado siempre presente en ésta como un elemento imprescindible. En este sentido, a lo largo de 25 años, como el artista inquieto que es, ha emprendido numerosos proyectos en los que ha sabido conjugar tres ingredientes, a mi juicio, básicos en toda su obra: tradición, innovación y riesgo, demostrando además en todos ellos que la canción y la literatura, en este caso, no andan demasiado lejos. Tanto en solitario como en grupos de la talla de ‘Mar otra vez’, ‘Demonios Tus ojos’, ‘Corcobado y los chatarreros de sangre y cielo’, o ‘Corcobado y cría cuervos’, tienen cabida desde el ruido, el blues, el rock o la electrónica hasta el bolero, el tango, la bossa nova, la copla, o la canción francesa; pero cada uno de estos estilos aparece tamizado por un sello propio fácilmente reconocible. Obras como ‘Demonios tus ojos’, ‘Tormenta de tormento’, ‘Arco iris de lágrimas’, ‘Diminuto Cielo’ o ‘Fotografiando al corazón’, por citar algunos, son discos que ya forman parte de la historia de la música pop española y constituyen una vehemente influencia para sucesivas generaciones rockeras y literarias tanto en España como en México. Como escritor ‘a secas’, por decirlo de alguna manera, ha publicado, además de este ‘Yo quisiera ser un perro’, los poemarios ‘Chatarra de sangre y cielo’ y ‘El sudor de la pistola 13’, ambos descatalogados durante una larga temporada para desesperación de sus seguidores hasta ser por fin rescatados para estas obras completas. Asimismo, cuenta con una novela publicada, ‘El amor no está en el tiempo’, que fue no hace mucho traducida y editada en Italia. En la actualidad se encuentra inmerso en el proceso de composición de su siguiente disco, intentando compaginarlo con la preparación de su segunda novela, con la gira de presentación de un disco recopilatorio ‘Canciones Insolubles’ y con el espectáculo teatral ‘Agrio beso’ que ha montado junto a Juan Navarro, excomponente de La Fura dels Baus; amén de contar con numerosos poemas inéditos pendientes de futuras publicaciones. Pero con independencia de sus distintas facetas artísticas, para mí Javier es por encima de todo: poeta. Lo que ocurre es que estamos ante un poeta con un caudal lírico de dimensiones tales que desborda de forma incontenible los márgenes del folio, anegando otras vías de expresión artísticas como necesidad vital. Porque para él la poesía es la única forma de entender la vida o, mejor dicho, la poesía y la vida es la misma cosa. No se puede ser poeta de 4:00 a 7:00, como el que tiene un horario de oficina. Se es poeta como se es persona o, mejor, como se es perro. Y por este motivo, ‘Yo quisiera ser un perro’ no es un libro recomendable para amantes de una poesía complaciente, aquella que suelen escribir los empleados vates a tiempo parcial. En él encontrarán a lo largo de los cinco libros que lo componen (los dos citados con anterioridad más tres inéditos) a un autor que conserva su esencia pero que ha ido evolucionando y reinventándose desde una poesía eminentemente premeditada, alevosa y críptica hasta otra más intuitiva y de verso más sencillo (que no fácil) en la que se vislumbra una etapa de mayor serenidad. Ya desde el título de la obra hay una advertencia de misantropía, entendiendo misantropía como rechazo a la humanidad, que no al hombre como individuo. Es el descreimiento de un creador como él ante el género humano que se manifiesta a diario con fundamentos destructores. Un género humano preocupado, por ejemplo, por la crisis económica y ajeno por completo a la galopante crisis de valores, consecuencia, además, aquella de ésta.

Javier escribe:

“Exiliado del daño y del dolor, /aquí estamos, en el continente americano, / musicando, pintando y escribiendo / nuestra historia de amor mexicana / mientras el mundo se despedaza / con guerras de petróleo y dinero”

Hace unos días leí en algún sitio que Corcobado es el poeta de la desolación; yo diría más bien que en su obra la desolación se redime a través de la poesía, es decir, a través de la belleza. En este libro cohabitan naufragios de sirenas, vestidos de novias ensangrentados, amantes de lunas moribundas, corazones de repuesto, miedos de ginebra, drogas heladas para vagabundos visionarios, suicidios de travestís, crímenes febriles e inquietantes sombras de duda e incertidumbre; pero también brillan la esperanza y el amor. El amor sobrevenido, el amor familiar que incluye a sus perros y el amor al mar, al coño del mar. Además, encontramos auténticas declaraciones de intención:

“Yo no quiero ser nada, excepto / ser vivido por la vida como una aventura”

Y en otro poema:

”Los perros devoraban el domingo / a un gato descuartizado, / arropados por la neblina / y la serenidad del pueblo. / No dejes que me convierta / en un gato descuartizado enfermo de dinero, / y muerto.”

Uno de los editores que tuvo Bukowski a lo largo de su vida literaria le dijo en cierta ocasión a éste, textualmente, que le parecía “un cabrón que le había jodido la poesía”, ya que desde que encontró la suya no podía leer ninguna más. Pues algo parecido me ocurre a mí con Javier y justo es ése el riesgo que se corre al acercarse a su magnética y afilada obra. (Están avisados.) En este sentido, una vez concluida mi lectura de ‘Yo quisiera ser un perro’, lo primero que pensé es que si yo de verdad fuera un perro, sin lugar a dudas, correría, por si acaso, a enterrar y poner a salvo este libro como uno de mis huesos más preciados.

Literatura

Germán Guirado

Yo quisiera ser un perro