Luke nº98 Julio - Agosto 2008

Tres almendros

No sé qué fuerza maligna obligaba a los tres almendros a convivir de tan mala gana con la sombra. La noche no tenía salida de emergencias y las cenizas de una luna insignificante se quedaron allí, inmóviles, esparciendo su casi-ausencia por todo el sueño. El cielo era un animal predador a punto de saltar sobre su víctima. Al fondo, las montañas verdes –oscuras, oscuras- como los senos de un cadáver que habría sido hermoso antes de escupir su alma. Y todo, almendros, montañas, noche y luna, enmarcado en una ventana desde donde yo jugaba a descifrar las muecas de las nubes –negras, negras- que apenas vislumbraba sobre la dermis del horizonte.

Al despertar comprendí que a los almendros, después de todo, la sombra les importa un bledo. Es bueno saberlo, sí, es bueno saberlo...

Creación

Ana Márquez

Tres almendros