Luke nº92 Enero 2008

Umbral Dixit

Umbral, al hilo del video porno protagonizado – entre otros- por Pedro J. Ramírez, escribió un artículo irrepetible. Allá va:

“Bienaventurados los que incurren en sus pasiones, caprichos, trampas, pecados y otras cosas de poco momento. Bienaventurados los que se dejan llevar hasta el final de sí mismos para conocer sus límites o lo que hay más allá, bienaventurados los que dicen con el Pentarca “mis límites son mi riqueza”, bienaventurados quienes dicen con Claudio y Robert Graves “debemos entregarnos a todos los venenos que nos acechan en el fango”, bienaventurados Rimbaud, Oscar Wilde, Baudelaire y Louchette, su judía tuberculosa, bienaventurados Maldoror y Dylan Thomas y Santa Teresa de Jesús y Virginia Woolf y Marcel Proust y todos los cínicos y todos los sofistas y todos los empadronados en Sodoma y Gomorra, bienaventuradas las brujas de Michelet y las cenobitas desnudas de los gineceos y falansterios de Fourier. Bienaventurados quienes acuden a purgar su vida en las aguas de sueño de las grandes desvencijadas, porque ellos quedarán puros de sí mismos, con el alma templada como una espada de luna.

Malaventurados los que comercian, calumnian, enfadan, coaccionan, difaman con la libertad de los otros, espían su soledad o la inventan, lapidan a un hombre con su propia imagen o violentan a una mujer con su lengua ácida. Malaventurados los funcionarios de la sospecha, los profesionales de lo ajeno, los muñidores de pecados con órgano, los incendiarios de Juana de Arco, los inquisidores con vídeo, los burladores de Walter Patter, siempre a la sombra de generales con nombre de calle, malaventurados los ingenieros del runrún, los inversores del culo ajeno, los policías de ingle y los sombrones, manuses y burócratas de la sangre y el semen. Teníamos un periodista demasiado aceptable y muy aceptado ya: ahora tenemos un maudit que hace cierta la marginalidad con buenos modales de sus primeros tiempos. Yo siempre me he entendido mejor con los malditos que con los gerentes.

Salon Ketty. Crisol de Hitler para tener y saber el catálogo íntimo de sus generales. Conocer los caprichos de un hombre es más importante que conocer sus virtudes y valores. España se está convirtiendo en un salón Ketty donde los espejos biselan el alma pecadora de cada uno. Del rey para abajo, todos tenemos la conciencia en el ojo de la cerradura, antes del GAL y después del GAL. Lo ha dicho César Alonso de los Ríos: “eso es fascismo”. Celestinas del poder y celestinajes del contrapoder: pecado es no desclasificar unos papeles a tiempo, pactando así con el mal, pecado es inventarle la intimidad a un hombre, para manufacturarla, pecado y crimen fascista es canallear la medicina del viejo, la fiesta de los cuerpos jóvenes, el braguero de los importantes y la cicatriz inguinal del enemigo.

Salón Ketty, España, salón de espejos donde se ha confundido la transparencia con el fisgue y la libertad se ha convertido en la bandera paradójica de los carcelarios. En esto viene a quedar toda una progresía ilustrada que de pronto se ha vuelto moralista de derechas y beata de los coños ajenos. Salón Ketty, el déspota de todos los espejos, el dueño de las cornucopias indiscretas manda (sin existir) en el salón.

Bienaventurados los que eligen su cuerpo, el cuerpo del amor de Norman Brown, bienaventurados los que se convierten en una catedral de pecados que un día glosará Ruskin, bienaventurada la Biblia homosexual de Amiens, bienaventurados, en fin, los que purgan su ácida leche en el vaso idóneo y las copulaciones no filmadas, porque ellos quedarán pálidos de sinceridad, como el ángel y como yo mismo.

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