Luke nº92 Enero 2008

S.E.X.

Dícese que el vocablo adamantio (adamant en inglés), utilizado para designar un material mitológico y ficticio muy popular en el universo de los cómics de Marvel, es, al igual que “diamante”, un derivado del griego “adamas”, cuyo significado es “indomable”. Como indomables parecían aquellas tribus Apache y los piratas del Caribe en los que se inspiró el joven Stuart Goddard (Londres, 1953) para crear su personaje Adam Ant tras su primer intento de suicidio en 1976 –causado por su condición de maníaco depresivo- y así llamar la atención del personal. Nada nuevo bajo el sol, y aún menos sabiendo que su gran ejemplo siempre fue David Bowie. El Kabuki y Lindsay Kemp enlazan a ambos, maestro y pupilo, sutil pero firmemente a la frágil cronología de la historia del pop.

Adam Ant, pues, olvidado precursor de los Nuevos Románticos, bellezón de ascendencia gitana, poseedor del mejor movimiento sensual de cadera desde Elvis the Pelvis y genio creativo que compartió escenario con Sex Pistols con su banda Adam and the Ants (Adam y las Hormigas) y que fue traicionado por un envidioso Malcolm McLaren, ha editado sus memorias para regocijo de todas esas hormigas de viejo y de nuevo repartidas por el globo terráqueo. En “Stand & Deliver. The autobiography” (Sidgwick & Jackson Ltd, Londres, Septiembre 2007), aún no editada en España, Adam revela en primera persona su autenticidad como artista –por si alguien pensó alguna vez que esos inéditos looks surgieron de la mente de algún jefe de marketing-, su carrera profesional marcada por los hitos y los descalabros, las famosas con las que compartió lecho (Amanda Donohoe, Jamie Lee Curtis, Heather Graham), su enfermedad mental y la combinación ganadora que halló para controlarla mientras pudo: currar y fornicar. “Parecía que la única forma de mantener a raya la depresión era estar ocupado, y tener tanto sexo como fuera posible. Así nació la gran idea para “Adam Ant”: trabajo y sexo para una vida saludable”. Adam siempre tenía una novia a mano, preferiblemente una guapa y joven groupie que le idolatraba, pero, aún así “(…) Necesitaba practicar el sexo con una mujer nueva y diferente siempre que podía. El sexo me distraía, me mantenía cuerdo. Después de haber recibido cualquier tipo de mala noticia –sobre la banda o los contratos, por ejemplo- me urgía tener sexo. En las raras ocasiones en las que no encontraba a nadie, no podía dormir”.

Adam personificó el sexo entre la avanzadilla posmoderna de la generación nacida a mediados de los 60, que por entonces se hallaba en la cúspide de la adolescencia y por ende en fase de descubrimiento, y a día de hoy seguimos encontrando testimonios de ello en la red. Internet no existía más que para el Pentágono en 1980, pero hoy está plagada de nostálgicos cuyo objetivo es dejar su minúscula huella en el universo digital. En la entrada “Yo fui una hormiga sexual” del blog http://esnifandopegamin.blogspot.com, el autor muestra su eterno agradecimiento a Adam Ant: “Yo no sé muy bien cómo llegué hasta él, supongo que escuchando la radio (al fin y al cabo eran CBS), pero la cosa es que en algún momento indeterminado de finales de 1980, cuando se lanzó el disco en España, compré ‘Kings of the Wild Frontier’ de Adam and the Ants. Mi primer elepé. Recuerdo perfectamente ese día. (…) Adam and the Ants significaron la ruptura con el pasado. Si yo era una rata de biblioteca y una rata de discoteca, lo lógico es que fuera también una rata melómana. Yo, gilipollas como era (y soy) debía ser diferente, estar por encima del vulgo. Y fíjense ustedes que cosa, Adam and the Ants, con su punk apopado, sus chillidos tribales y hooliganescos (muy de los Pistols, por cierto) y su poderío rítmico a base de dos semibaterías, lo encarnaron. Devo, B-52’s, Siouxsie y The Clash les siguieron, pero eso es otra historia. Aunque ojo, no se me despisten, yo seguía siendo un arrastrado tipo sin criterio. Pero en mi mente esos tipos pintarrajeados que mezclaban la gloria del pirata con la estética apache marcaban la diferencia. “Lo cierto es que al ritmo de ‘Sex music for ant people’ di un paso de gigante hacia la nada elitista (…). No sé si fue gracias a esa tremenda transformación que hasta me saqué novia. La hermana (algo mayor) de un compañero de clase (presuntamente gay). (…) A ella le gustaba Ana Belén y a mí Adam and the Ants, así que mucho futuro no había. Tampoco llegué a follar, aún, pero sí conseguí magrear, meter mano y que me tocaran la polla. Yo fui una hormiga sexual. Dog Eat Dog.” Una de las más memorables canciones de Adam and the Ants, no por ser de las mejores sino por haberse grabado en el imaginario colectivo de los entonces fans, es “S.E.X.”. Cierre del último álbum de la banda, “Prince Charming” (1981), para el cual Adam cambió la estética apache-pirata por las chorreras de salteador de caminos de la era georgiana, la explícita letra cumple con las tendencias del erotismo en la música pop de los 80, tal como las describe William Graebner de la State University de Nueva York en su estudio “The erotic and destructive in 1980s rock music. A theoretical and historical analysis” (1988). En éste el profesor Graebner echa mano de Georges Bataille y su obra “Erotismo, muerte y sensualidad”, entre otros, para dotar de perspectiva dos de los temas que según él aparecen con frecuencia en los textos del pop de principios de los 80: lo erótico en combinación con la muerte, donde ésta está, a su vez, relacionada con la entonces posible y palpable amenaza nuclear que prometía hacer desaparecer a toda la humanidad.

And when summer gets to me
And sets the sex on fire
My body is an ocean
Of twisted white debris

And when summer gets to me
And sets the heart in motion
A pain that hides in my insides
Is suddenly set free

And sex is sex forget the rest
The only one that's free
The only great adventure left
To humankind, that's you and me

And when summer gets to me
And tries to make me tired
I'm living every minute
And dying every three

And sex is sex forget the rest
The only one that's free
The only great adventure left
To humankind, that's you and me

Let all the braggers brag
Virginity's no crime
Your body should be yours
And sharing it sublime

(“S.E.X.”, Adam Ant)

A mis quince inocentes años colgué en mi habitación un póster a tamaño natural de Adam, en la versión apache-pirata que pasaría a la historia, con el trazo de pintura blanca cruzándole la nariz a lo ancho. Mi pasión por Adam era total. Con Adam me iba a dormir y Adam era lo primero que veía al despertarme, de Adam se nutrían mis aún virginales fantasías y Adam me enseñó que cimbrear el culo y dar grititos también puede ser insoportablemente sexy en un hombre. Y mis amigas y yo, esas chiquillas barcelonesas desesperadas, no hemos sabido hasta hoy que, si nos hubiera encontrado en el lugar exacto y en el momento justo, el bueno de Adam nos habría hecho también un favorcito.

Música

Victoria Salvador

Adam Ant

Adam personificó el sexo entre la avanzadilla posmoderna de la generación nacida a mediados de los 60, que por entonces se hallaba en la cúspide de la adolescencia y por ende en fase de descubrimiento, y a día de hoy seguimos encontrando testimonios de ello en la red.