LUKE nº 83

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Opinión

Mirando hacia otra parte

Il Gattopardo

Vicente Huici

Il Gattopardo

Como ya apuntó Michel Foucault en su momento, los sistemas de poder se perpetúan porque, aunque cambien las clases dirigentes y las grandes estructuras políticas, los ritmos y los valores engendrados por las pequeñas estructuras ideológico-culturales reproducen a la larga tales sistemas.

Este fenómeno ya se pudo comprobar años después de la Revolución Francesa con el Imperio de Napoleón Bonaparte y lo más penoso fue constatarlo con la caída del muro de Berlín: nada o casi nada había cambiado en la primitiva Rusia y en sus repúblicas satélites.

Entre nosotros, quienes se sienten occidentales, democráticos formales y capitalistas, a veces olvidan la existencia de estas estructuras silentes de reproducción, y continúan empeñados en intentar cambiar de gobierno o de partido , cuando la mayoría de las veces se desea cambiar un sistema que parece injusto, cruel o desequilibrado.

Y así no se dan cuenta de que la gran batalla no está sólo en la calle o en el parlamento, sino en el trabajo cotidiano del despacho, la fábrica o la escuela. Porque son esos los lugares donde difundir y practicar la libre discusión, el respeto por las opiniones ajenas o la solidaridad grupal, conjurando el fanatismo, el autoritarismo y la arbitrariedad.

De todo esto, por ejemplo, la Iglesia Católica - primero con los hábiles jesuitas y sobre todo, después, con el Opus Dei - ya se dio cuenta hace tiempo, y por eso continúa con su eficaz labor difusora de propaganda conservadora, mientras muchos izquierdistas le hacen el caldo gordo sin darse cuenta.

Todos estos progres a la page olvidan aquella frase que Giuseppe Tomasi di Lampedusa puso en la boca del príncipe Fabrizio Salina en su célebre Il Gattopardo: " Es necesario que todo cambie para que todo permanezca igual". Quizá por ello, casi todo permanece igual.