LUKE nº 87

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Arte

Reflexiones sobre mi obra

Isabel Ferrer Tapia

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Isabel Ferrer Tapia

Desde siempre, el tema que ha motivado mi trabajo ha sido el paisaje. Primero, el paisaje natural, los espacios abiertos, ilimitados, inmensos campos de trigo, el mar... espacios que existen, que he visto, recorrido, vivido y archivado en la memoria. Me interesaba mucho poder transmitir las emociones que se generan a partir de la observación de un lugar. Con este tema estuve trabajando dos años, y el fruto de esta labor quedó reflejado en la exposición "Paisajes mentales" (2003). Después de esta exhibición, mi obra comenzó a transformarse. Imagino que el hecho de vivir en una ciudad como Barcelona y, por aquel entonces, tener el taller en una de las zonas más industrializadas de Hospitalet, imprimió su impronta en mi trabajo: Las líneas que hasta entonces habían sido horizontales y sutiles comenzaron a quebrarse, a hacerse más agresivas, más contrastadas. Los tonos ocres, los dorados y los azules, dieron paso a otros más complejos en los que se intuía la artificialidad de la mano del hombre. La ciudad comenzaba a aparecer en mis paisajes de una manera inconsciente, y el resultado de esta investigación fue la muestra "Visiones urbanas" (2004). A partir de aquí, mi interés por la ciudad fue creciendo, sobre todo por el alma de los que la habitamos, de sus ritmos, sus silencios, sus soledades, sus monotonías y sus recorridos. Empecé a trabajar a partir de una frase de Heidegger que habla de aprender a habitar la ciudad poéticamente, siendo consciente de que, como dijo Calvino, la ciudad, como símbolo, concentra reflexiones, experiencias y conjeturas. Fue una labor dura, ya que trabajaba exclusivamente a partir de la memoria, de lo que había quedado en mí tras conocer, vivir y sentir diferentes urbes. Cada obra era un intento de revivir, de entender aquellas emociones y explicarlas de una manera poética y sencilla, de ahí el título que recogía la presentación de estas piezas: " Construyendo entornos" (2005). Entonces nacieron las dudas, el negarme a repetir, la necesidad de dar un paso más. Dejé de pintar por unos meses y me dediqué a recorrer y estudiar la ciudad. Viajé a Londres, a Paris, a Berlín, a Nueva York... Intentaba estar muy atenta a lo que vivía y sentía en cada lugar, lo anotaba y recogí todas estas emociones y sensaciones en una gran cantidad de imágenes fotográficas. Regresé al estudio y para superar este parón, amplié las imágenes que me interesaban, seleccionando partes, modificando otras, y de ahí, pasé a realizar dibujos sencillos, líneas que se cruzan formando tramas y planos enigmáticos. La idea me motivaba lo suficiente como para trasladar aquellas imágenes a la tela. Y esto es lo que hago de unos meses para acá. Soy consciente de que mi obra se está volviendo más formalista. Es obvio que sigo tratando el mismo tema, pero el proceso de trabajo ha cambiado radicalmente: de partir de la memoria he pasado a arrancar de la imagen capturada de la realidad, seleccionada y en ocasiones modificada para lograr composiciones más provechosas. No sé donde me llevará esto (esta es la parte mágica de la labor creativa) pero sé que estoy disfrutando de mi trabajo enormemente, y que lo que va naciendo me inquieta y me motiva para continuar por esta línea y olvidarme, al menos temporalmente, de ciertos discursos teóricos y filosóficos que, tras haber estudiado el Posgrado en Filosofía Contemporánea del Arte, me estaban empezando a asfixiar. Ahora sé, más que nunca, que necesito de la pintura, y que después de haber buscado respuestas en otros lenguajes, no puedo ni debo negarme como pintora.

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Isabel Ferrer Tapia

Isabel Ferrer Tapia

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