Literatura

Brevedades negras

Leonardo de León

Todo en el mundo es breve y tenebroso, evanescente y fatal; incluso la poesía. Brevedades negras es la manifestación poética del desencanto ante el universo, y la expresión más depurada de "la náusea" sartreana transfigurada al verso. En este libro todo es producto de la expresión (hasta los mosquitos); un proceso que, como todos, se sabe deleznable e inexpresable a través de ese burdo artefacto que es el lenguaje. Una suerte de escepticismo circunda cada línea desganada y cruel.

Al leerlo, sin embargo, no soy ajeno al sentimiento de una esperanza. No creo demasiado en ella, pero es el móvil que me hace escribir y abandonar la cama cada mañana. Nada en el mundo, salvo el amor, vale la pena de la existencia; y quizás en medio de esa bruma viscosa que es la vida, la única forma de permanecer en el mundo sea la poesía o el acto de crear. Me aventuro a conjeturar que quien lea el libro compartirá mi fastidio ante el cosmos; y encuentre al propio acto de la lectura como el único gesto, aunque desganado y monótono, que fundamenta una permanencia.

El libro cuenta una historia, la historia del dolor que nos acompaña desde que nacemos con el llanto que, para refutar a muchos, no es de alegría. Todo poema incorpora raíces narrativas; pues mientras escribía sentía una necesidad de contar, un impulso de construir una historia de carácter incorpóreo que nunca pudo, a pesar de los intentos, adaptarse a un cuento. La escritura (y la lectura siempre concomitante) se asemeja a la inmersión en un limbo poético, que nunca encuentra respuestas y que siempre se discurre en lo nefasto.

Tiempo veloz

Un segundero veloz se desprende
del eje que cruza los tiempos medidos.
El minutero se acorta y mide las horas.
La tercera aguja, impaciente y filosa, empuñada
por el guerrero sin cara que todos conocen, corta
un momento azul y de encuentro.

Pasa la brisa del invierno,
Otra aguja que corta la piel
ya poblada de arrugas; añejas cicatrices.

El sol entra y sale de la línea horizontal y lejana
Es la piedra de una boleadora que sacude la mano
arrogante del tiempo.

Las nubes imitan el tránsito apresurado del río;
un doble más aguado y escrito.

El sol golpea la piel agrietada del rostro,
amorfo como una nube.

Corto viaje

Has muerto.
Un paso retumba con eco duplicado
en el túnel que no es el popular.
Allí no hay luces, solo oscuridad.
La travesía no es larga,
la meta no es distante.

El túnel dura lo que un paso
tarda en recibir el eco de la pisada
primera y última.

Sexo

Un poro oculto se ha escapado
del recorrido sutil del dedo
tembloroso y explorador.
Se agazapa y llora ante la visión de los otros
dichosos de la caricia.

La piel se dilata ante el contacto
con la otra piel que busca
lo anónimo y presente.

Respira el poro ardiente;
ahogado en la euforia del roce.
Estira los brazos insaciables de
relieve y textura. Se revuelca
en la mínima porción de la anatomía
jadeante y en éxtasis.

Enfermedad

Dolor casi muerto.
Rastreo del trans-mundo sin duda más dichoso.
Pensamiento último de una vida cruel.
Un sufrimiento cualquiera hace de un pestañeo
la aguja plural que ataca al órgano más doliente.

Un suspiro desgrana en el aire al germen obstinado.
(Un quejido, una cuidada vuelta del cuerpo en la cama entumecida.)

La enfermedad enamorada descansa pegada al cuerpo.
Se unen por el delgado gesto de una mano huesuda y áspera.

La unión no es otra cosa que la absurda espera de un engaño;
de una guadaña imperdonable que cortará los dedos del enlace;
para llevarse el resto.
La enfermedad gesta una lágrima en su vientre abstracto
mientras recorre sin voz el vacío del cuarto muerto.

Alternancia

Los ojos hinchados miran sin ver el día que inicia.
El cuerpo entregado, el sol molesto
y ensombrecido. (angustia)

Afuera: una gota cuelga, tensa, de la hierba afilada. Cobra
coraje ante la consecuencia de la expansión en el piso.
La gravitación de la tierra árida y sedienta, infranqueable.
Cae la gota del rocío como la lagrima del ojo apenas abierto.
Se humedece la sábana y la tierra.
La segunda dará una tímida flor.

Amor

Un ruido de motor disipa los sueños.
Una cama revuelta arrulla un cuerpo vacío,
con aire preso en las venas.
Un resto de sueño se apretuja como un niño
recién golpeado y triste (casi se oye el llanto).

La gravitación de ti me ahonda en el colchón áspero,
que hace de la piel inquieta una alfombra sangrienta
por la que transitas con risa comprada y hueca.

Vuelvo al mundo que era nuestro.
Un mundo sin duda irreal; pero que aquí no lo es.
Quizás despierte, y el sueño te alcance
de algún modo; y te haga saber que existo,
y aguardo
la conjunción de ambos sueños, el tuyo y el mío,
para hacer el sueño perteneciente a otro más digno
de eso que tú llamas
amor.

Insomnio

Una caricia no rompe el alma de sombreros
y un curioso gesto de la ternura que no es ese,
puebla de ángeles la pupila de luna.

Una manera del beso ensaya con opaco deseo
el baile efímero de un pegaso sin alas.

Un dedal de oro agujerea la boca de ondas coladas.
Pasa el momento del tacto,
y el aire conspira con la noche cerrada del suspiro

Nunca

No se impone la permanencia
obstinada de la dicha.
Más, se agita el corazón gravitante de
Ilusión. Aguarda

sin reloj la manera más fácil
de la espera; la resignación.

Nunca vuelves, y eso hace
de "nunca", un "adiós".