OPINION: Con el tiempo en brazos - "Sic transit..." ana marquez

El incienso tiene ese aroma acre de lo firmemente establecido. De lo anclado a fuerza y sangre en el sustrato más íntimo de este terruño tan castigado por la fe de unos como por el descreimiento de otros.

Pero la fe sencilla, nacida de la reflexión amable sin batutas ni cicerones, no suele descamar el pez podrido del odio y sí restañar ciertas angustias, insalvables sin paracaídas. Es aquella otra fe, la que se eleva a categoría de Oráculo Infalible, la que amenaza, paradójicamente, con enclaustrar a Dios y a sus voceros oficiales en un ring del que, ya lo estamos viendo, no saldrán bien parados.

Sic transit gloria mundi. Valdés Leal demostró algo más que un endiablado sentido del humor cuando pintó a aquella calavera mitrada en su ataúd, tan elocuente aún silenciosa, reducida a un proyecto de ceniza y con el rictus solemne de quien ya habla a la muerte de tú. Demostró, además, el profeta pintor, ciertas dotes para el vaticinio a largo plazo. Ya hay quien asegura que huele a podrido en las abovedadas cumbres de la vieja Elsinor purpurada. Que las impolutas manos cardenalicias han colocado la última piedra de su propio mausoleo. Quien tenga oídos para oír que oiga.

Así pasa la gloria del mundo. Así pasará el mundo mismo con sus pobres afanes, como pasaron héroes e imperios y como pasó, también, este abril anómalo, macerado de pompas rancias, hojas nuevas y el aroma, siempre acre, del incienso.

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Ilustración: Ana Márquez


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