LITERATURA: Entrevista a "Luis Mateo Díez. Escritor" - josé luis garcía

Forma parte Luis Mateo Diez junto a Luis Landero y Antonio Muñoz Molina, de una estirpe de narradores a la manera cervantina. Sin desmerecer al resto, podríamos decir que son creadores de una literatura que apela a envejecer con dignidad, esto es, una literatura atemporal, cualidad que a menudo parecen olvidar algunos de los más granados premios literarios de este país, mas obcecados por ver aumentar la cuenta de su libretón que por entregar obras dignas no empañadas que nos ayuden a olvidar un tanto la mediocridad de nuestra propia existencia. La fuente de la edad, La ruina del cielo, Brasas de Agosto y ahora Fantasmas de invierno, son sólo ejemplos de su buen quehacer literario, de la musicalidad de su lenguaje, de la precisión de cada adjetivo. Y entremedias, otras obras como Las lecciones de las cosas, profundamente emotivas y humanas con las que ha sabido retrotraernos a unos tiempos que creíamos olvidados.

L.G.- Es usted un escritor enclavado dentro del llamado círculo o grupo leonés.... ¿Le parece bien esta etiqueta, le gusta que le encasillen de esta manera?

L.M.D.- El mencionado Grupo se establece por la amistad y el paisanaje. Soy muy amigo de mis amigos y León es mi tierra, la referencia resulta muy grata. Luego, literariamente, como no podía ser de otro modo, cada cual es hijo de sus retos y obsesiones. De todas formas, los componentes de ese Grupo siempre hemos tenido clara la vieja idea de Sabino Ordás de que a lo universal conviene llegar desde la experiencia de lo particular, y que no es buena cosa confundir universalidad con cosmopolitismo.

L.G.- Porque las referencias generacionales suelen ser peligrosas a la larga...

L.M.D.- Suelen servir para ordenar y catalogar, lo que resulta consecuente en los estudios literarios, sobre todo en las perspectivas históricas, pero con mucha frecuencia los árboles no dejan ver el bosque, la sobrecarga cronológica difumina más que ilumina...

L.G.- Celama, el imaginario territorio en el que ubica gran parte de su obra, siempre está presente bien de una forma real en sus novelas La ruina del cielo, El espíritu del páramo y El oscurecer, o bien de una manera imaginaria.... ¿Cómo nació ese territorio mítico, Celama?

L.M.D.- Fue el fruto más de un descubrimiento que de una búsqueda. Fue como un punto de llegada. Yo he tenido conciencia temprana de la necesidad de una geografía de ficción, una Provincia imaginaria, en la que poco a poco tomaron presencia lo que llamo Ciudades de Sombra. En esa Provincia imaginaria, al cabo de las novelas, hubo un Valle mítico en el noroeste de la misma, algo así como el Valle de la infancia y la leyenda, y una Comarca llamada Celama en el suroeste. La Provincia va tomando esa configuración por necesidad y por significación, y supongo que ya todo lo que siga escribiendo se desarrollará en esas Ciudades y espacios. Descubrirla y hacerla mía fue un logro para mi propia lucidez narrativa.

L.G.- Muchos críticos lo han intentado, pero.... ¿se atrevería usted a localizarla en el mapa?.

L.M.D.- Bueno, como te digo, está en el suroeste de la Provincia imaginaria, tiene allí unos límites muy estrictos. Hay un folleto, incluido al final de “El Reino de Celama!” que es un auténtico apéndice geológico geográfico. Celama se parece mucho físicamente, sólo físicamente, al Páramo leonés.

L.G.- Y después de cerrar la trilogía.... ¿por qué referirse a ella como El Reino de Celama?

L.M.D.- El alguna novela se la nombra como el reino de la nada, la idea de reino remite a la idea de pérdida, de memoria muerta. Tampoco puedo olvidarme de la cita de Pascal que se hace al comienzo del libro, muy misteriosa y significativa: Cuántos reinos nos ignoran.

L.G.- Siguiendo con Celama, es inevitable recordar a Rulfo cuando uno se acerca a su universo literario.... ¿Lo tenía presente cuando escribía La ruina del cielo, por ejemplo?

L.M.D.- No lo tenía presente, pero obviamente Rulfo es uno de mis escritores más queridos y admirados, igual que Faulkner. Los territorios imaginarias tienen las fronteras cercanas, y yo hice en mis autores predilectos, desde la Vetusta de Clarín, un largo aprendizaje.

L.G.- Porque Celama forma parte junto a Macondo y Comala de una geografía llamada a resistir el paso del tiempo, cargada de simbolismos que aluden a la desaparición del espacio rural como forma de vida.... ¿Pretendía reivindicarlo, llamar la atención sobre ello?

L.M.D.- Más que de reivindicación, se trata de elegía. Ciertamente, en Celama hay un canto de muerte, un obituario, una forma de luchar para que el olvido no lo destruya todo, ya que esas formas de vida campesinas, las propias culturas rurales, pertenecen al pasado. Pero todos tenemos un pasado campesino. En Celama hay un compromiso moral, un trabajo literario complejo, ya que es verdad que existen muchos símbolos y metáforas.

L.G.- Una novela o una obra, su obra, que configuran uno de los desafíos narrativos más apasionantes de los últimos años de las letras españolas.... ¿Los siente así Luis Mateo Díez?.

L.M.D.- Bueno, eso suena a exageración. Soy un escritor con un reto y cierta claridad en lo que quiero escribir, a quien le ha costado mucho ir definiendo su mundo y el adecuado estilo para expresarlo. Si es verdad que soy un escritor de proyectos y que en el orden de mis conquistas hay un proceso de ambición. Cada novela, cada historia, abre algún descubrimiento personal, no soy nada complaciente, me conformo con dificultad.

L.G.- Pero dejemos su Trilogía, ya que su carrera como escritor podría decirse que comenzó en los años ochenta cuando se alzó con el Nacional de Literatura y con el Premio de la Crítica con La fuente de la edad..... Por aquel entonces yo era un joven estudiante de Filología cuando le vi por primera vez en una conferencia en la Universidad de Oviedo.... ¿Siente vértigo cuando mira hacia atrás, cuando ve el camino que ha recorrido?

L.M.D.- Hacia atrás sólo miro literariamente, quiero decir que el uso de la memoria se compagina en mi creación con el uso de la imaginación y la palabra. Vivo el presente, no tengo nostalgias, los años me van proporcionando cierta melancolía. Supongo que el tiempo me pesa como a cualquier hijo de vecino. Quedan los amigos, los afectos, lo que se pierde y se gana, creo que podría decir lo que decía un director de cine francés; según me hago mayor me voy dando cuenta de que me interesan más los sentimientos que las ideas.

L.G.- Después llegaron Brasas de Agosto, una incursión en el relato, y Los males menores, una vuelta de tuerca al relato hiperbreve.... ¿Para cuando va a volver Luis Mateo Díez a este género?

L.M.D.- El microrrelato es un género de moda pero muy peligroso, parece que cualquier chiste, gracia o ingeniosidad ya vale. No estoy muy interesado en volver, pero seguro que lo haré, aunque sea parcialmente. En ese riesgo está también su reto.

L.G.- Porque ha demostrado defenderse igual de bien en dicho género, el hiperbreve, a pesar de ser usted un creador de mundos novelescos....

L.M.D.- He tenido siempre mucha inclinación a lo significativo y a lo intenso, a la posibilidad límite de llegar lo más lejos posible con el menor armamento. Tampoco es mal conducto a la hora de la novela, de la frase a frase, de la página a página..

L.G. Camino de perdición fue señalada por algún crítico como la mas cervantina de todas sus novelas, algo que sin duda es un elogio.... sobremanera este año....¿Coincide usted con dicha apreciación?.

L.M.D.- Es una de mis mejores novelas, no me cabe la menor duda. ES una novela de la carretera, del viaje, está en ese arquetipo del camino de la vida, del viaje de regreso, de la imposibilidad de volver. Asuntos que siempre me interesaron, como lo de la aventura a la vuelta de la esquina. El Quijote es un arquetipo tan sustancial que hasta parece fundacional. Cervantes está en el límite la enseñanza...

L.G.- Y Fantasmas de invierno como su gran obra de madurez....¿qué le queda por escribir a Luis Mateo Díez?

L.M.D.- Me encanta que me digan que soy un escritor maduro, ya que madurar me costó mucho esfuerzo. Casi toda mi vida la pasé en la adolescencia, una edad tan apasionante como frustrante y peligrosa, por eso hay en mis novelas tantos adolescentes echados a perder. Me queda mucho por delante, yo creo que acabo de empezar. Lo dejaré el día en que siente que sigo siendo el mismo, que no evoluciono. Soy un escritor de historias y, por ahora, la imaginación no me falla. Tantas historias como paguen el tiro...

L.G.- ¿De donde saca usted tanto material narrativo, esos nombres tan característicos, esa riqueza del lenguaje....


L.M.D.- Escribo con naturalidad y así invento. Es cierto que hay una misteriosa simbiosis de memoria, experiencia, imaginación. Los nombres me salen así, necesito su peculiaridad para creerme al personaje que me traigo entre manos. Nombrar es lo primero.

L.G.- Hay algo que sorprende en Luis Mateo Díez: a su manera es fiel a su Editorial, porque usted publica en tres Editoriales. El ciclo de Celama en una, sus novelas desde La fuente de la edad en otra, y finalmente aquellas obras de miscelánea, las mas emotivas, en Edilesa, una Editorial leonesa. ¿Por qué esa dispersión?

L.M.D.- Hago uso de mi libertad y, en ella, hay fidelidad al editor que primero apostó por mí cuando nadie quería publicarme: Alfaguara. Yo pertenezco a ese gremio de escritores impublicados que vieron rechazados sus originales año tras año. También me gusta que me publique un amigo de mi pueblo. Por suerte para mí y supongo que para ellos escribo bastante...

L.G.- ¿Qué le queda a Luis Mateo Diez por escribir?. ¿En que anda en estos momentos?

L.M.D.- Lo inmediato es mi serie narrativa Fábulas del Sentimiento, novelas cortas de tonalidad moral y variada, no exactamente moralizaciones, que cuando termine, y sea publicada en un solo volumen, formará una especie de Comedia Humana particular. Los libros que la conforman son independientes pero el proyecto acabará en unirlos. Ya salieron “El diablo meridiano” y “El eco de las bodas”. Les seguirá este año, siempre en Alfaguara, “El fulgor de la pobreza”. Y con un poco de suerte todo llegará a buen fin con el volumen en el que ahora trabajo que podría titularse “La gloria de los niños”. También tengo pendiente, como proyecto y entre otras historias, un “Viaje a Celama”. Me apetece viajar como un viajero más por ese territorio, tomar nota de lo que me dicen y veo. Con Celama he tenido recientemente la suerte de un maravilloso espectáculo teatral a manos del Teatro Corsario, que actualmente recorre el país. Ha sido un modo inesperado de reencontrarme con mi propia invención desde otras miradas, algo verdaderamente enriquecedor y apasionante...




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