nº 53 - Septiembre 2004 • ISSN: 1578-8644
Ahopetik
"Yo de mayor quiero ser"

alfonso garcía de la torre
En este país resulta bastante complicado intentar vivir de la música. Se podría decir que esto ocurre en casi todas las profesiones, pero creo que en la música es especialmente difícil superar los múltiples problemas e incertidumbres que surgen en el camino. Creo que gran parte de estos problemas son producto del entorno, de una sociedad que todavía no ha llegado a comprender y valorar esta dura actividad profesional. Son muy pocos los que finalmente consiguen el reconocimiento y mientras tanto otros muchos quedan en el más absoluto anonimato y sufren la indiferencia de todos.

Cuando se comienzan los estudios musicales inmediatamente se proyecta un futuro inamovible: yo quiero ser pianista, director de orquesta, cantante,... Por ejemplo nadie dice que quiere ser segundo violín en una orquesta, afinador o profesor de música, siendo este último uno de los destinos habituales. Desde un principio las salidas profesionales que se plantean tras los estudios musicales exigen un gran esfuerzo que no todos los que comienzan están dispuestos a realizar. Y aunque se haga ese esfuerzo en ocasiones es el azar el que marca el rumbo o la suerte la que decide el destino. Aparentemente el éxito promete llegar pronto, lo que permitiría cambiar radicalmente la perspectiva, sobre todo la económica, pero no deja de ser una profesión de largo recorrido y alto riesgo retributivo.

Se suele decir que el paso del tiempo va colocando a cada uno en su sitio, pero hay veces en las que, sobre todo en el ámbito musical, uno tarda más en darse cuenta y cuesta resistirse a la realidad. En el gremio existen gran cantidad de frustraciones por el simple hecho de no aceptar los límites que imponen las circunstancias o por las lógicas limitaciones naturales, bien sean físicas o psíquicas. En estos casos no siempre “querer es poder” y todo se derrumba cuando con los años se comprueba cómo las metas propuestas no se cumplen y la realidad amarga. De cualquier forma el camino siempre está repleto de sorpresas, sobre todo porque esta profesión nunca es como uno se la imaginaba cuando empezaba a pelearse con el pentagrama.

O tal vez al no haberse cumplido ese destino musical soñado permite por fin disfrutar de otros mucho mejores. Algunos se rinden demasiado pronto sintiéndose viejos si su biografía no coincide cronológicamente con la del odioso mito del Mozart - niño prodigio, un circo juvenil fomentado hasta la saciedad por cierta elite musical. Es necesario parar y reflexionar. Una vez encontrado acomodo se puede optar por buscar nuevas oportunidades e intentar aprovecharlas en el momento en que se presentan. También se pueden encontrar grandes satisfacciones en los lugares más insospechados y la libertad que desprende la música así lo permite.

Recuerdo un titular de prensa que pregonaba a toda página que el 94% de los titulados de carreras técnicas de una determinada universidad encontraba empleo. Completaba la información diciendo que estos tenían una mejor salida laboral frente a Humanidades y Sociales. Por supuesto que la música ni aparecía en el sesudo informe al estar desterrada de la formación universitaria y de la información periodística. Y digo yo que debe ser una tristeza querer ser ingeniero desde pequeño y terminar siéndolo.