nº 46 - Enero 2004 • ISSN: 1578-8644
"Surf y otras zarandajas"
inés matute
Mis amigos del gremio – no diré intelectuales por evitar que alguien piense que presumo de enterada - andan amoscados. Me explico: como la literatura de los de a pie no suele dar para Ferrero Rochers ni para lentejuelas, quien más y quien menos se busca las alubias entre las columnas de opinión de algún diario. “Pues mira”- dirán algunos -
Dichosos los que cobran por arreglar el mundo a golpe de parrafada. Yo hago lo mismo desde la barra de un bar, y no veo un euro así solucione lo de Oriente Medio entre el café y un par de Pacharanes”. Naturalmente, objeto yo, pero la cosa no es tan sencilla, y mucho menos si hablamos del País Vasco, un lugar donde las opiniones extremas – e incluso moderadas- cotizan su paridad en sangre, amenaza, coacción y mal rollito. Lo comentaba el otro día con un amigo columnista que calibra obsesivamente cada palabra por aquello de ser y parecer políticamente correcto.

Que en el ghetto no conviene ser ni nacionalista a ultranza ni antinacionalista a gritos, es de todos sabido. Donde digo nacionalista puedo decir independentista, y en este caso, podemos olvidarnos de Euskadi y comenzar a hablar de Cataluña, Baleares o cualquier otra región de piel sensible. Y sino, al tiempo. Hablando del tema, y por emular a los todólogos de carajillo – y digo todólogos porque de todo entienden - mi amigo y yo nos amorramos a una botella de anís del mico y llegamos a las siguientes conclusiones: En estos momentos no conviene dejarse llevar por la ola de antisemitismo que recorre Europa, o, en caso de dejarse llevar, más vale cerrar el pico. Tampoco conviene pronunciarse sobre la inmigración, la delincuencia, el terrorismo, el integrismo o cualquier otro tipo de extremismo. Que te acabarás pillando los dedos está cantado. Tampoco interesa mentar a Bush, a Schwarzenegger o a Woody Allen, porque sin apearse de la ola del antisemitismo ya está uno cogiendo la ola del antiamericanismo sobre la que cada día cabalgan más surfistas. Aznar también es tema tabú, y con él toda cuestión española, no vaya uno a ahogarse en la ola del españolismo mientras intenta esquivar espumas rompeEspañas sin caer en el saco secesionista, que viene muy crecido y que, como toda ola y militancia que se precie, salpica a los que intentan no mojarse. La réplica a la ola terrorista la tiene la blanda ola del pacifismo, ola poco fiable porque, de encaramarte a ella, al punto te tachan de conspiradora, sectaria, hippie o tontaelhaba. Siendo mujer, tampoco beneficia pronunciarse sobre asuntos de la bragueta, porque si aludes a los malos tratos te tildan de radical feminista, y si opinas que la expresión “violencia de género” es reductiva puesto que también hay hombres que sufren en sus carnes los malos tratos, resulta que eres más machista y borde que el imán de Fuengirola, amén de gilipollas y poco solidaria. (Y al imán, mejor ni mentarlo).

O sea, que no puedo insinuar que Ibarretxe es el Anticristo”- Repongo haciendo mis primeros pucheritos- “ No conviene. Además, todo el mundo sabe que el Anticristo es el calvo ese que anuncia la Lotería”

Está claro que a poco que abres la boca, te tragas media ola. ¡En fin! Ocupados como estábamos intentando no parecer ni belicistas ni pacifistas, ni feministas ni machistas, ni españolistas ni independentistas, ni fascistas ni anarquistas, ni monárquicos ni republicanos, ni pro Bush ni anti Bush, ni globalizadores ni antiglobalizadores, un relámpago de sensatez hizo su luz sobre tanta tontuna: A partir de este momento, escribiremos artículos absolutamente naïves, limpios de polvo y paja, al más puro estilo Disney y carentes de toda etiqueta. Elevando a mi pesar la voz, por aquello de la etílica euforia, anuncié mi intención de escribir un articulillo ensalzador de la figura del jorobado de Notre Dame. Corrección política garantizada. Con la mejor de sus sonrisas, mi amigo observó: “No debes. Escoge el adjetivo equivocado y alguien dirá que resulta vejatorio para los discapacitados, se creará una plataforma anti Matute y acabarás vendiendo pañuelos en el semáforo de Pryca”. “¿Y si hablo de Blancanieves y los siete enanoides?” – Repliqué a lágrima viva- “¡Qué poca sensibilidad social tienes, chica! ¿Pero no ves que cada vez hay más agraviados en potencia?
Pues sí. Qué cosas.