nº 57 - Diciembre 2004 • ISSN: 1578-8644
CREACION
"Sentencias (En esta noche)"
patricio eleisegui

Claro que los vi ¿Cómo negar lo que advirtieron mis ojos en ésta, una noche de injusta infamia? Eran un par. Mañana en los titulares de los diarios dirán: “El incidente fue protagonizado por una pandilla de malvivientes”. Pasado confirmarán: “Al parecer, sólo se trataría de un trío de delincuentes menores”. Pero fueron solamente dos hombres. Los vi.

La mujer esperaba, bajo un techo de metal descascarado por el óxido, que la lluvia cesara en su intento furioso por ahogar el mundo. En cuanto a mí, me encontraba a escasos centímetros de la desconocida, inmóvil, completamente mojado, aunque sin sentir una verdadera molestia por tan súbito aguacero. Por suerte, nadie notó mi presencia. Nos manteníamos en silencio cuando, imprevistamente, dos faros amarillos atravesaron con reluciente autoridad la cortina de agua que regaba todo lo visible. El automóvil se detuvo junto a la vereda en la que nos encontrábamos y de él descendieron dos hombres. Un anciano y un joven. Se cubrieron bajo el techo también, y sin mediar saludo alguno, comenzaron a discutir con la desconocida.

Todo duró apenas un segundo, aunque ahora el recuerdo se me haga eterno. “A mí me respetás” dijo el anciano con un vozarrón que olía a tabaco refinado. Sus palabras fueron acompañadas por un parpadeo de ojos blancos y un rugoso puño cerrado en actitud amenazante. La desconocida no contestó, ni atinó a cubrirse del posible golpe. “A mí me valorás” rugió el joven a continuación del anciano. Pero la anónima mujer nuevamente no se inmutó, simplemente avanzó unos pasos bajo la lluvia con la clara intención de retirarse de la escena. Pero algo la contuvo: una navaja de peluquería reflejó, cual espejo límpido, la luz que ofrecía cada lámpara de la calle. Luego, dos navajas. El anciano y el joven. “Devolvénos lo que nos pertenece” sugirieron, casi al unísono. “Nos robaste todo lo que somos. No te importa nada, ni el ayer ni el mañana”, insistieron.

No hubo tiempo para una respuesta concreta por parte de la acusada. Ambos brazos, el tembloroso y el decididamente ágil, rasgaron el aire blandiendo sus afiladas cimitarras, forjadas en el acero del rencor, para luego volverse piel; hundirse en la cómoda delgadez de la carne. Mutar en un riachuelo morado que fue perdiéndose en los charcos de lluvia estancada. La desconocida primero cayó de rodillas, tomándose el cuello a ambos lados, y sus prendas claras adoptaron la tonalidad propia de un tomate ya maduro. Luego, se derrumbó hacia delante, y su pecho se estremeció en un ruido seco al dar contra las baldosas mojadas. Y el agua ya no fue incolora. Y el perfume a tierra mojada se transformó en penetrante pestilencia...

Por reflejo, tapé mis ojos, horrorizado, y hundí mi cabeza entre mis extremidades temblorosas, pero toda intención fue en vano: lo había visto todo. Sin siquiera detenerse a confirmar la efectividad del ataque, el anciano y el joven nuevamente subieron al automóvil en el cual llegaran y se fueron sin demasiada prisa. Grité desesperado. Grité nuevamente, pero la única respuesta que conseguí fue la de una cigarra que sólo me dedicó incoherencias en un dialecto incomprensible. Maldije en silencio. ¿Por qué todo tenía que suceder en esta noche? No lo sé.

Mañana dirán que estas muertes son necesarias. Pero entonces, ¿Por qué me persigue esta condena que me obliga a contemplar todo lo que ocurre? Pasado afirmarán que a veces la historia celebra sus propias venganzas, y qué es a través de sus hijos que hace efectiva su sangrienta sentencia. Otros escribirán que es imposible que una mujer adulta sea asesinada por su padre y su hijo al mismo tiempo. De esta forma, vuelvo a preguntarme: ¿De qué vale mi presencia ahora? ¿De qué me sirve saber la identidad de la desconocida degollada? ¿O acaso los grillos no somos simples insectos, incapaces de alertar al hombre de hoy sobre su tendencia a la búsqueda de un constante final? En esta noche sin melodía, he sido testigo de una tragedia: ahogada en su propio egoísmo, embestida por su pasado y su futuro, he visto morir asesinada a la postmodernidad.