Sección: CINE
Serie: Sueños en la caverna
Título:
"Un cineasta casi europeo"
Autor: Alex Oviedo
e-mail: alex@espacioluke.com

nº 33 - Noviembre

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Hay autores capaces de hablar cien horas de un mismo tema sin caer en la monotonía, que se deleitan en la autocontemplación para extraer de ella no sólo lo mejor de uno mismo sino también de la sociedad que lo rodea y acoge, o de esa ciudad en la que vivimos que nos va transformando hasta modela nuestra personalidad.

Hay personajes que se reflejan en la pantalla y que reconocemos perfectamente, nos da igual que mantengan su rostro envejecido o que asuman los rasgos de Kenneth Branagh. Nosotros caemos nuevamente en sus historias, en la parodia que teje sobre sí mismo, sobre sus paranoias, hipocondrias, fobias y charlas de elevado nivel cultural. Es lo que se espera, es tal vez lo que queremos ver, ansiamos descubrir otra sorprendente vuelta de tuerca sobre argumentos que ya nos ha narrado pero que resultan novedosos en cada entrega.

Hay algo antiguo, reconocible, pero siempre hay novedad, y sobre todo hay una increíble capacidad de crear con imágenes, de sacarse de su chistera de mago un argumento repleto de guiños, críticas, sarcasmo, humor, de ver más allá de sus gafas de nácar con la mirada de aquel que es un genio y es lo suficientemente modesto para no creérselo.

Por si alguien aún no lo sabía, hablamos de Woody Allen.

¿Qué sorpresas puede esconder su nueva película, “Un final made in Hollywood”? Seguramente muchas, pero también ninguna. El director neoyorquino vuelve al cine dentro del cine, aspecto que ya trató en filmes como “Stardust Memories” o “La Rosa Púrpura del Cairo”. De igual modo, sigue lanzando su visión demoledora del mundo que mejor conoce, de todos los entresijos que esconde la realización de una película, como también hiciera en “Celebrity”. Pero para ello recurre a un planteamiento ingenioso: partiendo de la idea de que en Estados Unidos se podría hacer un filme con los ojos cerrados, qué pasaría si un director que pasa por uno de sus peores momentos creativos se quedara ciego justo el día antes de comenzar el rodaje de la película que le puede sacar del bache en que se encuentra.

Lo han acusado de repetitivo (como si no lo fueran cualquiera de las secuelas, remakes, películas clónicas que se realizan en la Meca del cine), incluso de que sus películas son demasiado intelectuales o europeas (como si eso fuera un delito en sí mismo), y que en ellas los personajes no paran de hablar. “Un final made in Hollywood” cuenta con dos escenas antológicas que harían reír incluso a los detractores más furiosos del director: la secuencia del sofá es desternillante, digna del mejor cine americano, del mejor cine mundial.

Hemos visto a Woody Allen en Oviedo, hemos descubierto su lado más humano, recibiendo cohibido y tímido un premio que se merece, un premio que tendrían que haberle dado hace años en Estados Unidos. Al menos en Europa saben reconocerle como director, como artista, como autor.