Sección: MUSICA
Serie: Ahopetik
Título:
La percusión: un descubrimiento sonoro
Autor: Alfonso García de la Torre
e-mail: alfonso@espacioluke.com

nº 28 - Mayo

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En el siglo XX la expansión de los horizontes culturales hacia otras tradiciones ajenas a occidente ha permitido una visión menos egocéntrica de la realidad musical, propiciando un cambio total de la perspectiva. En concreto la aportación de otras culturas ha provocado que uno de los mayores avances instrumentales acaecidos durante este siglo se haya producido en la percusión. A su vez un nuevo tratamiento del ritmo resultó ser el ingrediente idóneo para este florecimiento instrumental.

Tradicionalmente el papel ejercido por el percusionista en una orquesta había estado delimitado por el discurso musical de cada época, con una función eminentemente rítmica y claramente dominada por otras familias instrumentales (la cuerda y el viento). El interés de los compositores y el virtuosismo de los interpretes permitió a estas otras familias, por ejemplo, consolidar un amplio repertorio camerístico. Finalmente la preocupación del compositor del siglo XX por incorporar nuevos sonidos ha convertido a la percusión en un elemento de primer orden, gracias a las enormes posibilidades expresivas que puede desarrollar tanto dentro de la orquesta como en agrupaciones de cámara. Incluso se ha llegado, en mayor o menor medida y en diferentes géneros musicales (música clásica, jazz, rock, etc.), a ofrecer al percusionista la posibilidad de mostrar sus habilidades como solista.

Gradualmente el percusionista ha ido añadiendo más instrumentos y nuevos métodos de producción sonora, resultando difícil en la actualidad delimitar exactamente qué es la percusión. Se pueden contabilizar aproximadamente más de 3000 instrumentos diferentes, de los cuales cerca de 300 se utilizan normalmente, o encontrarnos con 100 elementos de percusión en una orquesta sinfónica. El percusionista puede percutir un timbal, golpear con la mano una conga, raspar un güiro, accionar una sirena, frotar una lámina del vibráfono con un arco, agitar una maraca, entrechocar unos platillos,...

El hecho de golpear algo para producir un sonido y la técnica empleada para ello significa que entran en funcionamiento numerosas variables acústicas que permiten articular el sonido. Al mismo tiempo las características físicas de los elementos que se accionan son fundamentales: el objeto utilizado para percutir (maza, baquetas, manos, etc.), el objeto percutido (madera, metal, parches, etc.), el resonador acoplado al sistema (tubos, cajas, etc.). El compositor tiene a su alcance multitud de sonidos realmente complejos, materiales heterogéneos que es necesario analizar para posteriormente elaborar nuevas construcciones sonoras. Es un auténtico reto explorar tal cantidad de timbres, ordenar con coherencia temporal y espacial nuevos colores instrumentales.

Para comprender la importancia de la percusión en la música actual podemos realizar un itinerario a través de un buen número de obras que ya forman parte imprescindible del repertorio contemporáneo. Son obras que implican formaciones instrumentales muy variadas y que van dar respuesta a la complejidad, tanto rítmica como tímbrica, ideada por el compositor. Podemos encontrar desde un solista hasta grupos de cámara formados exclusivamente por percusionistas; la presencia constante compartiendo protagonismo con otras familias instrumentales de la orquesta; la percusión y la electrónica; etc. Un buen comienzo, en lugares poco frecuentados, podría ser el siguiente:

- Igor Stravinsky: Les Noces (1917) - Historia de un soldado (1918)
- Edgar Varèse: Ionisation (1931)
- Bela Bartók: Sonata para dos pianos y percusión (1937)
- John Cage: First Construction in Metal (1939) – Imaginary landscapes nº3 (1942)
- Carlos Chávez: Toccata para percusión (1942)
- Karlheinz Stockhausen: Zyklus (1959)
- Iannis Xenakis: Persephassa (1969) - Pléïades (1979) – Rebonds (1988)
- Hugues Dufourt: Sombre journée (1976-77)
- Gérard Grisey: Tempus ex Machina (1979)
- Luigi Nono: Post preludio (1987