Sección: LITERATURA
Serie: Paseos desde Praga
Título:
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Autor: Elena Buixaderas
e-mail: buixader@fzu.cz

nº 30 - Julio/Agosto

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El puente de piedra. El puente de Carlos. Todos esos adoquines pedregosos ennegrecidos por el paso del tiempo y del río. Piedras enfermas de polución y cansancio que piden silenciosamente una restauración digna. Testigos mudos de la Historia y de las historias de sus viandantes. Este puente recuerda cómo en 1393 arrojaron al agua desde sus muros a Juan Nepomuceno, el asedio de los suecos en 1648, las barricadas estudiantiles de 1848, el paso de los abrillantados automóviles del Fuhrer, la invasión de los soldados soviéticos, incluso el bamboleante traqueteo de los tranvías ruidosos. Ahora recoge las pisadas de miles de turistas y sus griteríos de entusiasmo, las manos hábiles de los carteristas, los helados y las cervezas derramados en el bochornoso aire del verano...

Los que aquí vivimos lo contemplamos casi siempre desde lejos, con sus tenderetes y baratijas entre los pétreos guardianes esculpidos: San Venceslao, San Vito, Santa Ludmila entre otros. Este puente sabe que la ciudad ha cambiado sólo por fuera, que los tambaleantes giros de la historia y la política no han logrado transformar ese espíritu nacional crítico, desconfiado y algo cínico. Este puente cambió la vida de los pragueses a finales del siglo catorce y desde entonces las aguas del río discurren bajo sus dieciséis ojos lamiendo sus pilares al ritmo de las estaciones y las riadas, las heladas y los deshielos.