Sección: OPINION
Serie: ---
Título:
Decisiones globales
Autor: Agustín Vicente
e-mail: agustin@espacioluke.com

nº 34 - Diciembre

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El mundo está, efectivamente, globalizado. Las decisiones que se toman en un lugar cualquiera tienen repercusiones potenciales para cualquier otro. Es decir, no existen las decisiones estrictamente locales. Sin embargo, tal como está hecho el mundo políticamente, sólo grupos concretos de individuos deciden sobre cuestiones que afectan potencialmente a todos los demás: la organización política del mundo ignora, en realidad, la globalización. En este sentido, el mundo es democráticamente deficitario. ¿Cómo podría resolverse este problema?

Existen dos opciones: localizar los efectos de las decisiones o globalizar éstas. Parece imposible localizar los efectos de las decisiones, pues, efectivamente, el mundo está globalizado. Un grupo de individuos, o un Estado, pueden tomar decisiones con la esperanza, o la intención, de que lo que decidan no repercuta sobre el resto de la humanidad, pero es tal la red de implicaciones ya existente que, por así decir, es imposible que ésta no vibre. De modo que la única alternativa viable es la de globalizar la toma de decisiones.

Parece, desde luego, un proceso más accesible: se trata de que los Estados confieran una gran parte de su soberanía a entidades supranacionales, y que éstas logren representar democráticamente a los “ciudadanos del mundo”. Sin embargo, a veces parece dudoso que ésta sea, en efecto, una opción viable. Cabe decir que lo es, dado que tenemos ejemplos en los que unos Estados han conferido gran parte de su soberanía a una entidad mayor: es el caso de la UE, sin ir más lejos. No obstante, tal vez no se trate de un caso modélico: por una parte, la propia legitimidad democrática de las instituciones de la UE está constantemente en entredicho. Por otra, puede entenderse que lo que se ha hecho en la UE es renunciar a un nivel de competición entre una serie de Estados para así poder competir mejor en el mercado global, y, en este sentido, se hace difícil entender por qué un proceso así podría llegar a englobar a todos los Estados.

En cualquier caso, el mayor obstáculo para que tenga éxito el proceso de globalización de las decisiones parece residir en la propia globalización ya existente, y lo que parece ser el movimiento de reacción ante ella. Cuanta más incidencia tienen las decisiones de un grupo sobre otro, mayor parece ser la necesidad del segundo de fortalecerse y autoafirmarse. Hay indicios suficientes, gran parte de ellos dramáticos, de que ésta es la dinámica imperante en este momento de la historia, y es difícil imaginar cómo, una vez comenzada, puede, por así decir, pasar a relajarse. Afortunadamente, el que sea difícil imaginar algo en asuntos humanos no demuestra que lo que tanto cuesta imaginar no vaya a suceder al día siguiente. Pero si uno no es escéptico en este sentido, lo que debe ser es pesimista.